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Entrevista a José Franch - (Uno de los clarinetistas más prominentes de nuestra generación)
La trompeta - Ejercicios diarios de Vicente Alberola y Luis Andrés Faus
Concierto-Presentación del 2º volumen de partituras de la colección “Conservatorio Superior de Música Joaquín Rodrigo de Valencia”


Inicia sus estudios musicales con Maite Martínez y Alfonso Sánchez, continuando los de clarinete en Oviedo y Madrid, con José Luis Estellés y Andreas Weisgerber, y de dirección con Lluis Vila y Laszlo Heltay entre otros. En el año 2000 se traslada a Los Ángeles (EEUU) para ampliar sus estudios de clarinete con Yehuda Gilad y Mitchelle Zukovsky, y de dirección orquestal con John Barnett, Larry Livingston, Hans Beer y Carl St Clair gracias a becas de la University of Southern California así como de otras entidades. Premiado con la “Rarig Endowed Music Scholarship”, la “USC Dean Arts Scholarship” y finalista en “Coleman Chamber Music Competition” ha trabajado con destacados nombres del mundo de la música como Helmut Rilling, Isaac Stern, Paul Meyer, John Williams, Sergiu Comisiona, Klaus Tunemann, Eddie Daniels o Radovan Vlatkovic, e importantes agrupaciones como Los Angeles Philarmonic, Vienna Sinfonietta, Europa Chor Akademie, la Escuela Superior de Música Reina Sofía o la American Youth Symphony.
Desde su creación en 2004 es el director artístico de “The Synergy Project” (Proyecto Sinergia), agrupación que trata de fundir la experiencia y musicalidad de reconocidos artistas con jóvenes estudiantes de talento. En 2005 es nombrado director de la orquesta sinfónica internacional “Roads To You Tour” bajo el patrocinio de la reina Noor de Jordania, con la cual recorre Norteamérica promoviendo el entendimiento entre distintas culturas y por lo que recibe una Mención del Congreso de los Estados Unidos.
Como director ha sido galardonado con el “Leonard Bernstein Award 2005” y en concursos de reconocido prestigio internacional como The Donatella Flick Conducting Competition (Londres) o The Vakhtang Jordania International Conducting Competition (Atlanta) donde fue premiado con el “Orchestra Favourite Award”. Ha dirigido entre otros a Helsinki Philharmonic, Joven Coro y Orquesta de la Fundación Príncipe de Asturias, Orchestre Philharmonique du Luxembourg, USC Chamber Orchestra, The United Nations Association Choir, Finnish Radio Symphony Orchestra, London Royal Academy of Music Orchestra, Thornton Symphony y London Symphony Orchestra actuando en principales salas de conciertos de Europa y Norteamérica.
En el verano de 2006 es invitado por los maestros David Zinman y Murry Sidlin al Aspen Internacional Music Festival en Colorado (EEUU) donde actúa como director asistente de James Conlon y Robert Spano, colaborando entre otros con Julia Fischer y Jane Eaglen, y siendo nombrado poco después director asistente de la orquesta de jóvenes vinculada a Los Angeles Philharmonic The “Young Musician Foundation” Debut Orchestra en Los Angeles. En 2007 vuelve al Festival Internacional de Música de Aspen donde durante nueve semanas comparte escenario y clases magistrales con reconocidos artistas como John Corigliano, Winton Marshalis, Joshua Bell o Gil Shaham.
Ha impartido clases de dirección coral y orquestal en seminarios en Asturias, Aragón y EEUU y de clarinete en los conservatorios de Asturias así como en la Yamaha School of Music (EEUU). Recientemente ha sido invitado a la Joven Orquesta Nacional de España JONDE como director asistente así como a la Escuela Superior de Música del País Vasco MUSIKENE.
No podría imaginarme la vida sin música. La música y la vida son inseparables. Por otro lado tampoco podría imaginarme la música “per se” es decir, una sucesión de sonidos sin vida. En el escenario busco carácter en la música, busco sentimientos, sensaciones, imágenes que asocio con cada parte de una partitura. La música me llega primero al corazón y luego a los oídos. Luego trato de entender el proceso creador mediante el análisis de la partitura. Los músicos sentimos la necesidad de entender la música pero este entendimiento debería de usarse para mover a los afectos, los nuestros primero, y los del público en consecuencia. Para mí la música es tan necesaria como para cualquier otra persona que no se dedique profesionalmente a ella, con la salvedad de que a mí me pagan por disfrutarla. Y el día que comience a pensar de otra manera seguramente perderé la ilusión de subirme a un escenario.
Otra manera más de disfrutar de la música. Una vez me preguntaron por qué prefiero dirigir a tocar. Para mí la respuesta es sencilla: prefiero pintar con una amplia gama de colores que hacerlo con uno solo. Sin embargo no he podido dejar de tocar, aunque sea sólo para mí. Existe en el hecho de crear el sonido por uno mismo algo que no puedes sentir cuando estás dirigiendo. Al igual que dirigiendo sientes muchas cosas que nunca antes había sentido tocando. Existe de algún modo una cierta simbiosis entre interpretar un instrumento y dirigir una agrupación.
Comencé en la dirección porque Maite Martínez, directora de los coros de la Sociedad Siero Musical, me animó a que asistiera a algún curso de dirección para poder echar una mano dentro de la sociedad. Después, Alfonso Sánchez, director de la banda de música de Pola de Siero me ofreció “experimentar” con la banda. A partir de entonces surgieron más oportunidades de dirigir diversas formaciones y la inquietud por mejorar me llevó a seguir formándome como director. Simplemente disfrutaba dirigiendo. En el año 2003, estando realizando mis estudios de postgrado de clarinete en Los Angeles me quedé sin dinero. Se lo comenté a Yehuda Gilad, mi profesor de clarinete y él me sugirió que, ya que tenía cierta experiencia como director y ese año había una vacante en la cátedra de dirección orquestal me presentara a las pruebas ya que de ser admitido me ofrecerían una buena beca. Me presenté y para mi sorpresa entré. Así empecé con la dirección de orquesta más en serio. Aun así nunca creí que me dedicaría a la dirección; pensé que esa sería la manera de poder seguir estudiando clarinete en Los Angeles durante más tiempo. Sin embargo empecé a pensar de otro modo cuando fui seleccionado para el concurso Sibelius de dirección en 2005. Nunca se me había pasado por la cabeza que algún día podría dedicarme a la dirección.
Yo me presento a concursos simplemente para disfrutar del lujo de estar enfrente de una buena orquesta. Pero además son una de las mejores oportunidades para aprender y promocionarse. Si yo no hubiera participado en alguno de estos concursos quizás esta entrevista no estaría teniendo lugar. En el Donatella Flick por ejemplo me quedé a las puertas de ser asistente de la Sinfónica de Londres. Mi vida podría haber cambiado totalmente de haber sido así. Aún quedando en segundo lugar el concurso me ayudó a promocionarme mucho. Cuando recibes un premio éste te ofrece una especie de “garantía de calidad” de cara a aquellas orquestas que pueden mostrar interés por ti. Yo sigo siendo el mismo director antes que después de recibir el premio, pero el hecho de que una gran orquesta o un panel internacional de jueces haya puesto los ojos en ti te ofrece un cierto prestigio que te puede abrir muchas puertas. Sin embargo reconozco que los concursos no dejan de ser una especie de lotería desde el momento en el que alguien juzga algo tan subjetivo como la música; el resultado depende en gran medida de la fortuna que se tenga en cuanto a afinidad musical con los jueces, química con la orquesta, ideal técnico, etc.
Como antes te comentaba yo sigo siendo el mismo director tanto en un concurso como en un concierto. Ahora bien, en un concurso tienes muy poco tiempo para convencer a una orquesta (y/o a un jurado) de que lo que estás haciendo tiene interés y debes hacerlo de forma extremadamente clara para que la orquesta que ha tocado la misma obra con otros 15 directores o más se adapte rápidamente a tus gestos e ideas. Los tiempos de reacción han de ser rápidos. Sin embargo, antes de un concierto tienes varios días para interactuar con la orquesta durante los ensayos. Pero para mí, a la hora de subirme al podio no existe gran diferencia: siempre trato de disfrutar, sea un concurso, un ensayo o un concierto.
A principios de este més participará en el prestigiosísimo concurso Mitropoulos. ¿Cómo se prepara para una cita tan importante?De ninguna manera en particular. Igual que lo haría si tuviera que dirigir en un concierto. En concreto para este concurso he tenido poco tiempo de preparación debido a otros compromisos así que he intentado dedicar más estudio a la obra obligada del compositor griego Theodore Antoniou ya que no es una obra que he hecho anteriormente ni está dentro del repertorio más usual. Simplemente estudio la partitura lo más posible. Paso muchas horas en frente de la partitura y cuanto más tiempo paso más cosas descubro. Preparar una partitura es algo apasionante.
Ninguna en especial y todas en potencia. Vivo al día. Estoy abierto a absolutamente cualquier posibilidad. André Previn le decía a un alumno aspirante a director que había rechazado una oferta de Broadway: “Si estás esperando a que alguien venga a ofrecerte dirigir un ciclo de las sinfonías de Beethoven vas a ser un novato muy viejo”. Cualquier oportunidad de estar al frente de un grupo que está deseando disfrutar de la música es una gran ocasión para mí. Pero lo que en realidad me gustaría es que cuando suene mi nombre en una agrupación que yo haya dirigido se me recuerde con una sonrisa. Y por supuesto, disfrutar y hacer que los músicos y el público lo haga también.
No existe un mercado fácil ni para los directores ni para los instrumentistas. Depende lo que entiendas por mercado fácil. En mi caso no me quejo porque las cosas me han ido bien. Yo soy de los que pienso que tanto si eres director de orquesta como abogado, electricista, médico o cualquier otra profesión has de dedicarte con la mayor pasión y tratar de ser bueno en lo que haces. Si es así, y tienes un mínimo de talento lo normal es que no te falte trabajo hagas lo que hagas.
Absolutamente. Uno jamás debería olvidar sus raíces. En una ocasión mi profesor de clarinete José Luis Estellés me dijo “Cuanto más alto es el árbol, más profundas sus raíces”. En aquel caso se refería a un ejemplo musical, pero para mí es lo mismo en la vida. No habría conseguido muchas cosas sin la ayuda de muchísima gente, la mayor parte de ellos familiares, amigos o entidades de Asturias. Además, cuanto más viajo más me doy cuenta de la suerte que tengo de vivir aquí, tanto por la gente, como por la cultura, la comida, el paisaje…
Nunca fui un consumado clarinetista porque nunca tuve la paciencia de estudiar lo suficiente para serlo, aunque según dicen mis amigos no lo hice del todo mal. Sigo impartiendo clases de clarinete en el Conservatorio del Valle del Nalón en Asturias. Es uno de los pocos conservatorios que comprende la importancia de tener a músicos activos en su plantilla por lo que me permiten compaginar mi labor docente con mis compromisos como director. Debido a estos compromisos toco muy poco porque cuando tengo tiempo lo necesito para preparar las partituras. Como sabes, si dejas unos días de tocar estás perdido. Sin embargo, si dejas de estudiar una partitura un mes no es lo mismo… Sigo tocando porque necesito la experiencia de producir sonido por mi mismo sin depender de otros como en la dirección.
Seguir disfrutando allí donde me lleve la música.
Una comidaLo importante es la compañía. Hasta la peor fabada puede ser histórica si se comparte con la gente adecuada.
La sidra; nunca la bebes solo.
España
Cien años de soledad
No podría elegir solamente una. Entre mis favoritas están El golpe, El gran Lebowski, El cartero y Pablo Neruda, West Side Story, Bananas, Lost in translation, Días de futbol, Belleza robada, me encanta el cine…
El Gran Cañón del Colorado. ¡Impresionante!
¡Salud!