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Entrevistas

Entrevista a Jordi Blanch

Jordi Blanch

A veces el éxito de un músico está en su cercanía y humanidad. Jordi Blanch pertenece a este reducido grupo de personas. Con una brillante trayectoria y años de experiencia, su secreto para conseguir los mejores resultados en todos los proyectos que acomete es gracias a una simpatía desbordante y un carisma que atrapa a todos aquellos que trabajan con él. Un profesor cercano para sus alumnos y un profesional con unos conocimientos musicales inagotables que además, por poseer una enorme calidad humana se transforma en un verdadero amigo. Es por esto, que con la labor que hacen personas como Jordi, la música se hace inmejorable por hacerse más humana.


Titulado superior en Dirección de Coro, Piano, y Lenguaje Musical; y titulado profesional en Composición en los Conservatorios “José Iturbi” y Superior “Joaquín Rodrigo” de Valencia. Obtiene las calificaciones de Premio Extraordinario en las especialidades de Solfeo (Grado Elemental), Piano (Grado Medio), Armonía (Grado Medio), el Premio “José Iturbi” al mejor expediente académico final de Grado Medio; y Premio Extraordinario final de Carrera en Dirección de Coro. Obtiene el Primer Premio por unanimidad en el I concurso de piano “Maestro Serrano” en Valencia. Ha estudiado dirección coral con Eduardo Cifre, Adrián Cobo, Mª Carmen Cruz, Juan Luís Martínez y José Ramón Gil-Tárrega; trabajando también con José Vicente de Sousa, Erkki Pohjola y Kari Ala-Pöllänen en la especialidad de dirección coral infantil. Sus estudios de dirección de orquesta han ido de la mano de Jordi Mora, Manuel Galduf, Enrique García Asensio y Antoni Ros- Marbà. De 1995 a 2000 fue director del coro “Xiquets Cantors Divisi” con el que interpretó la integral para voces blancas del compositor valenciano Francisco Llácer Pla. De 2000 a 2005 fue director del Conservatorio Municipal de nueva creación “Joaquín Rodrigo” de Sagunt, desarrollando el cargo junto a la enseñanza pianística y la dirección de la orquesta del centro. A lo largo de dos años ha sido profesor de Coro en el Conservatorio núm. 2 de Valencia; y actualmente lo es en el Conservatorio Profesional de Música de Torrent, cargo que compagina con la dirección del Orfeón “Veus Juntes” de Quart de Poblet, la dirección musical de la Escuela Coral de la misma localidad y la dirección de su grupo “Virelai”; con el que interpretó la obra "L'enfant et les sortilèges" en el Palau de les Arts “Reina Sofía” de Valencia, bajo la dirección de Lorin Maazel.



¿Cuántos alumnos tiene de media en su clase?


Depende de si hablamos de grado profesional o elemental. En el primero la cosa es más variopinta, teniendo unas clases de 30 y otras de 5 o seis personas. En grado elemental hay unos 25 por sesión, aunque he de decir que, sobre todo a estas edades prefiero los grupos un poco más numerosos, de unos 35 a 40.




¿Son todos de una misma especialidad instrumental?


Esto lo marca la propia legislación de la música. Dada la obligatoriedad de mi asignatura en los cuatro cursos de grado elemental, tengo alumnos de todas las especialidades. En el caso del grado profesional tengo mayoría de estudiantes de canto, piano, guitarra, clave y órgano (que también la tienen obligatoria); más los que deciden cursar coro de forma optativa en los cursos quinto y sexto.



¿Hay mucha variedad en las edades?


En el caso concreto del conservatorio de Torrent las edades están más ceñidas a los rangos marcados por Conselleria, siendo como mucho un 10% los que no los cumplen. Así tengo alumnos desde los 8 hasta los 12 en elemental, y alumnos a partir de los 14 en profesional. Tema aparte son los cantantes, que suelen empezar sus estudios de la especialidad (recordemos que no existe el grado elemental de esta asignatura) a los 16 años aproximadamente en las chicas, y a partir de los 18 en los chicos. Lógicamente su edad siempre estará por encima del resto de sus compañeros.



¿Les gusta en general el canto coral a los alumnos?, ¿Se interesan por esta asignatura?


Hay todo tipo de reacciones, pero he observado que muchas veces los alumnos asisten al principio con un poco de distancia, sobre todo en los que han de cumplirla como asignatura obligatoria; pero una vez van descubriendo las posibilidades de su instrumento y el gusto por la música coral suelen interesarse, hasta el punto de pasar a formar parte de coros estables en muchos casos.



¿Como aborda el trabajo de una partitura con ellos?


Pues también depende de si hablamos de niños o adultos. Con los primeros el trabajo es prácticamente en un 90 % de imitación. Parto de la base de que muchos todavía no saben leer un texto musical y también tengo claro que mi finalidad es apoyar el lenguaje musical desde el punto de vista de desarrollar las voces. Los resultados que se obtienen son mucho más rápidos y efectivos.
Con los segundos es un poco más complejo, porque hay que aunar el trabajo para personas cuya carrera es el canto, con lo que tienen claros muchos conceptos de respiración, colocación de la voz, forma de emisión de vocales, etc.; con otros que quizá no hayan cantado prácticamente nunca. Así pues mientras con unos abordo la partitura pidiendo y exigiendo un cierto nivel, con otros tengo que buscar simplemente hacer base, para en un futuro no demasiado lejano poderles exigir algo parecido a los demás. No obstante, a estos niveles el componente teórico de la asignatura es bastante mayor y los conocimientos musicales de los alumnos también, con lo que puedo aplicar una gran cantidad de conceptos armónicos, analíticos e incluso compositivos en mis clases.



¿Es cierto que según pertenezcan a un instrumento u otro los estudiantes tienen más facilidad para afinar u otros para el canto polifónico?


Sinceramente no creo demasiado en esa afirmación. He conocido pianistas con una afinación exquisita y otros grandísimos pianistas cuyo ejemplo vocal era bastante flojo, y creo que podríamos extrapolarlo a todos los instrumentos. Diría más bien que la afinación de la voz es mejor cuanto más se está acostumbrado a cantar y cuanto menos ataques externos se le hacen. Normalmente los profesionales de la enseñanza musical afirmamos que cuanto mayor es un alumno menos “natural” es su aprendizaje musical y menos movimientos podremos aplicar a su técnica; o por decirlo de otra manera, normalmente más engarrotados tendrá los músculos. Pues en el canto coral ocurre algo parecido. Siempre encontraremos personas adultas con un instrumento privilegiado y que no tenían conocimiento de ello, pero normalmente una persona con una buena afinación vocal y con unas buenas características vocales, de alguna forma habrá pasado su vida cantando.



¿Cuál cree que son los beneficios del canto coral en los inicios de la enseñanza musical?


No sólo opino que es beneficioso para la enseñanza musical, si no que considero que es totalmente primordial. Por una parte el canto coral permite resultados de un nivel musical muy alto con, podríamos decir, pocas necesidades técnicas. La afinación, los ataques en conjunto, la comprensión rápida de estructuras básicas como semifrase, frase; e incluso la de estructuras formales también básicas... Todas estas cosas, ante un instrumento que no sea la voz siempre tienen la barrera de la técnica. Quizá lo único que es más complicado conseguir al principio, sea la independencia polifónica, pero igualmente creo que una vez se consigue que un coro cante a voces, la sensación de “comprensión de la polifonía” es mucho mayor.
Por otra parte está el desarrollo de la voz para poder aplicarla como una herramienta más en el estudio de una obra para cualquier instrumento. Yo provengo del piano, y he trabajado muchos años como profesor de la especialidad, y un error muy extendido entre los estudiantes avanzados es el de interpretar frases antinaturales, por decirlo de forma llana: que no respiran. Nuestra tradición proviene de un tipo de música que en sus principios fue vocal, y en consecuencia nuestra comprensión musical inconsciente está basada en frases que “deben ser cantables”. Si la música no respira, muere; y es aquí donde entra de forma directa la capacidad de cantar todo aquello que tengamos delante. Hará que comprendamos mejor la idea musical, y que por consiguiente el público entienda también mejor lo que le estamos queriendo explicar.



¿A qué edad se debe empezar a cantar?


Creo que no hay una edad fija; de hecho creo que se canta muy poco o nada en casa. La voz de los niños muy pequeños tiene unas limitaciones grandes en cuanto a tesitura en principio, pero creo que esto no depende en tanta medida de la edad, si no también de cuánto y cómo se canta. Mi primer trabajo con los niños que acceden al conservatorio con 8 años es hacerles descubrir esa otra voz que muy pocas veces han utilizado y que además está un poco vista como... “ridícula”. Es simplemente la voz colocada. Pero nos sorprenderíamos de la cantidad de niños con problemas vocales que escucho cada curso, acuciados por exceso de gritos, hablar de forma atropellada y grave; es como que la cultura mayoritaria de los niños premia una voz potente, dura y autoritaria antes que una con mayor calidez y más cantada. Me he ido un poco de la pregunta pero por volver a ella, diría que por necesidades de disciplina coral, una buena edad serían los cuatro años, pero ello no implica que el canto debe estar unido a los niños desde el nacimiento.
Otra cosa es que hablemos de cantar a nivel de especialidad, que ahí me remito a lo antes dicho con unas edades que oscilarían entre los 16-18 años en las mujeres y los 18-20 en los hombres, y siempre en función del desarrollo físico de cada individuo.



¿Qué repertorio suele trabajar con los estudiantes?


Me gusta la música buena, y la música buena es aquella que nos puede aportar conocimientos correctos y enriquecedores para los alumnos, bien sea por cuestiones técnicas individuales, bien por trabajo de la seguridad polifónica, bien por el nivel interpretativo de la obra o bien por el mensaje de calidad que nos pueda ofrecer. Con estas premisas básicas, que se pueden encontrar unidas o por separado, es con las que me gusta hacer los repertorios. Nunca he creido en las piezas que “están de moda”. Si dentro de algunos años siguen aportándonos alguno de los puntos anteriores, entonces se demostrará que no tuvieron éxito por el simple hecho de estar de moda, si no que tenían algo más, que es lo que las ha hecho pervivir.
Así pues. Me gusta mucho nuestra música popular que considero idónea para los comienzos y que además hay que dar a conocer. También me gusta mucho hacer piezas populares de todo el mundo, y en especial suelo trabajar mucho repertorio sudamericano porque me unen muchas cosas con toda esa multiculturalidad. Y también considero que hay que trabajar la música contemporánea y trabajar así el oido del público para con ella. Y por supuesto la música sacra, a la que los mejores compositores han dedicado prácticamente sus mejores páginas.



Usted además de como docente, tiene una amplia trayectoria como director. Uno de los ultimos proyectos iba a ser la colaboración con uno de los coros que dirige en el estreno de la ópera 1984 de Lorin Maazel. ¿Qué supone para ud. este importante proyecto?


Ha sido un proyecto realmente muy interesante, junto a la Escolanía y los Pequeños cantores de Valencia, aunque al final por los cambios irremediables en la temporada prevista, el programa no se ha podido llevar a cabo y se pospone a otra fecha aún no determinada.
Es una obra muy inteligente y bien compuesta, y sobre todo con un tratamiento muy acertado de los coros, demostrando un buen conocimiento en la materia. Me enfrentaba a la partitura sin conocer a Lorin Mazel, pero a medida que fue aumentando mi estudio sobre la obra, me fue llegando y fascinando cada vez más. Para el grupo de integrantes del coro Virelai de la Escola Coral de Quart de Poblet que estuvimos preparando la pieza desde julio el aprendizaje ha sido muy satisfactorio y también el hecho de haber ensayado con el maestro; aunque me quedo con la espina clavada de no haber realizado la experiencia al completo, es decir, con todo el trabajo escénico que conlleva, lo que hubiese sido cerrar el ciclo de su preparación musical en este aspecto. No obstante, este proyecto junto con el que realizamos en febrero interpretando L’enfant et les sortiléges de Ravel bajo el mismo director me llenan de orgullo y satisfacción.



Con un coro de estudiantes ha abordado proyectos como extractos de Carmen o tan relevantes como la colaboración en la obra El Gran Teatro del Mundo bajo la dirección de Jose Luis Alonso de Santos, director de la compañía nacional de teatro clásico. ¿Cómo se enfrentan los jóvenes a esos proyectos de tanta envergadura?


Pues ocurre algo parecido a lo que comentaba antes con respecto a la asignatura de coro. En muchos casos al estar hablando de una faceta que no es para la que están dedicando su tiempo musical, hay una cierta reticencia o podríamos llamarlo incredulidad (a la que yo quizá también me he sumado en algún momento); pero una vez se transmite correctamente y se comprende la magnitud del proyecto y éste se amolda a las posibilidades vocales, musicales y físicas del material humano con el que contamos, es decir, alumnos de coro, los resultados tienden a ser mucho más satisfactorios de lo que en un principio podría haberse imaginado. Sin grandes sueños no habría proyectos y sin realismo tampoco.



Háblenos de futuros proyectos.


Primero amoldarme a la nueva forma de trabajo que supone el cambio de edades tras la reforma del decreto que moldifican sustancialmente lo hecho hasta ahora.
Segundo crear y llevar a cabo un proyecto coral bien estructurado en el conservatorio de Torrent.
Con el orfeó Veus Juntes de Quart de Poblet estamos trabajando para poner en escena la zarzuela Cançó d’amor i de guerra del compositor de Ontinyent Rafael Martínez Valls; y con el coro infantil Virelai de la Escola coral de Quart de Poblet tenemos en mente hacer una gira el próximo verano por Brasil, Uruguay y Argentina.



Una comida


Arroz al horno.



Una bebida


Cerveza con gaseosa.



Un país


Uruguay



Un recuerdo


La noche antes de dirijir por primera vez en el Palau de la Música. Era un coro de 18 niños que cantábamos sólo a una voz y puntualmente a dos, pero no podía dormir por la emoción.



Una película


El nombre de la rosa y La vida es bella



Un libro


No puedo uno solo. Los pilares de la tierra (K. Follet), Luces de bohemia (R.M. Valle-Inclán) y El estudiante de Salamanca (J. Espronceda)



Un viaje


Cualquier viaje siempre vale la pena, pero los mejores son a cualquier lugar de Sudamérica.



Un deseo


Música, para todos y por siempre.


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