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David Gálvez, nace en Valencia en 1974, es pianista, director de coros y compositor, premio del Fórum Nacional de Compositores Húngaros por su interpretación de música contemporánea magyar. Desde siempre se interesó por la música coral y su afán por ella le llevo a marcharse a Hungría un tiempo (nunca se ha ido, dice él) para descubrir su secreto. A sus 30 años es un joven y dinámico director que está moviendo cielo y tierra para que la música coral en nuestra ciudad alcance la importancia que tiene y que merece. Dirige el "Cor de Cambra Amalthea", el "Coro Universitario Santyago", el "Coro FemeninoVillanella" de l´Escola Coral de Quart de Poblet y la coral "Cantarella Jovenalla" de Rafelbunyol.
David Gálvez es sólo un músico, con todo lo que ello conlleva. Tenía muy claro que quería serlo y vivir de la música, y de momento, pues lo estoy logrando. Empecé con los coros y sigo con ellos muy a gusto.
Siempre me han interesado, mi primer contacto lo tuve en el instituto, donde intentamos formar uno, y la verdad es que fue un poco difícil, aunque alguna cosita sí que hicimos; luego a la edad de 18 años entré a formar parte del coro Universitario Sant Yago como coralista, y fue en el coro Sant Yago donde realmente me di cuenta de que quería progresar en ese mundo, que era lo mío, si me sirve la licencia, y aunque soy pianista, algo fuerte surgió dentro de mí con relación al canto. Desde los 16 años he estado involucrado de alguna forma en el mundo coral, a nivel organizativo, como pianista, cantando, y...más tarde, dirigiendo.
La primera vez que empecé a “mover las manos” a “echar el compás” fue hace 12 años. Formé un coro de niños.
Está evolucionando para bien, pero evidentemente falta todavía mucho para equipararnos a la de otros países europeos. Sí es cierto que existen muchas federaciones de coros, sobretodo a nivel autonómico, que en algunos lugares como Cataluña o el País Vasco van un poco por delante del resto de España, porque además son pioneras y a mi juicio ejemplares, pero en general lo que existe es mucha ilusión por cantar, la gente se está moviendo, y aunque opino que falta formación a todos los niveles, poco a poco se está creando un interesante caldo de cultivo. Soy optimista.
Tenía muy claro que necesitaba otra formación para poder dedicarme a este mundo, quería que me apretaran al máximo, y entre muchas opciones elegí irme a Hungría por varios motivos, el más importante sin duda fue la enorme tradición coral que ofrece, me entusiasma la costumbre popular de este país por tomar el hecho de cantar como una actividad cotidiana. También era más asequible vivir allí que en Suecia, por ejemplo.
Todo, me aportó todo. Me abrió los ojos. Sobre todo el como trabajaban, el como lo vivían.
¿Crees que después de tu experiencia hace falta salir al extranjero para triunfar?Realmente no lo sé, tampoco me fui al extranjero para triunfar, me fui porque aquí en Valencia tenía la sensación de que necesitaba otras experiencias, otros conocimientos. Pero salir fuera sí que lo recomiendo a cualquier músico, sobretodo a un director de coro. De todos modos no me considero un triunfador para nada ni en nada. Eso es relativo.
En el Coro Universitario Sant Yago en principio exijo que tenga una mínima formación vocal, vamos, que sepa cantar un poquito decentemente, no es imprescindible el solfeo, si lo tiene, mejor. En Amalthea es diferente, se exige un poco más de nivel sobre todo técnico-vocal, el coro funciona muy rápido; mas cuando una persona está interesada en entrar, se le nota y eso lo valoro muchísimo. Al fin y al cabo los coros amateurs en España funcionan porque la gente quiere entrar a formar parte de ellos.
Con el coro Universitario, como con Cantarella soy a veces más profesor que director, pero en general hay muchos aspectos que tratamos pedagógicamente como el hecho primero de enseñar la obra: la leemos, tratamos de comprenderla, tanto a ella como a su autor (elegimos uno en concreto por temporada) se escucha música relacionada, incluso en directo, se enseña técnica y canto de aspectos relacionados con las obras en cuestión, un poco de solfeo y cuando ya está todo nos dedicamos a hacer música, pero esto no siempre se cumple porque los plazos están fijados y hay que cumplirlos. También en la medida de lo posible hacemos talleres de todo tipo: de respiración, de técnica Alexander, talleres musicales para que la gente se exprese, hagan teatro, mímica, canten, silben, invitamos a profesores, directores, músicos, coros, en fin... empleamos todo lo que está en nuestra mano y cualquier método que nos ayude a ser mejor coro y que el ambiente sea adecuado y distendido.
Normalmente me gusta trabajarlas por separado, en el sentido de mantenimiento técnico de cada una de ellas, como el limpiar las piezas de un engranaje, por ejemplo me gusta encargarme de las altos personalmente por las características de esa cuerda, y cuando trabajamos la técnica pulcramente, lo hacemos por tipo de voz: masculinas, femeninas, o voces agudas y graves y finalmente el conjunto que es de lo que se trata...pero siempre es cuestión de tiempo, esto lo quiero dejar muy claro, porque son las fechas de los conciertos las que marcan los ensayos.
Depende de cada coro, lo que primero hago es escuchar al coro, e intentar diagnosticar que es lo que necesita según lo que propone, en el Sant Yago por ejemplo, la gente va y viene mucho al ser un coro universitario, con lo cual hay casi cada año un cambio en las voces y por tanto en la calidad del coro. Hay que ser muy versátil, tener muchos recursos, imaginación y saber escuchar. Lo que busco siempre es intentar mejorar las calidades de las cuerdas, respetando lo que cada una pueda dar de sí.
No me gusta que dentro del coro una voz destaque, me gusta que la voz tenga capacidad de empaste, la voz que cumple esos requoisitos es la voz que me gusta. De verdad que no distingo. En realidad soy muy maniático con eso, quizás debido a mi formación en los países del este, no me gustan las voces demasiado grandes, ni vibradas, y me entusiasman las voces más llanas, que permiten un gran empaste y versatilidad en la afinación.
Cada voz y en cada coro tiene un problema determinad, pero por ponerte un ejemplo: a nivel amateur, a los tenores les puedes dejar pasar más mientras que las altos son más problemáticas, porque muchas chicas no son altos y las intentas adaptar. Aunque esto es absolutamente variable y discutible.
¿Cómo te manejas con los idiomas dentro del coro?Nunca he tenido muchos problemas con los idiomas, es un poco romper la barrera del tabú, debes saber idiomas mínimamente y si tienes unas nociones básicas, cuidarlas, de este modo, a la gente del coro no se le hace difícil porque para ti tampoco lo es. Hay que ser muy preciso a la hora de enseñar el idioma, yo he llegado a hacer el experimento de cantar en húngaro o en eslovaco con los cuatro coros, en especial con las chicas que estuvieron un año trabajando en húngaro, eslovaco y checo, con lo que conllevan estas lenguas y no es un problema.
Son demasiado rígidos, para mí es uno de los grandes problemas de Hungría, a ese nivel, claro. El sistema Kodály es un gran sistema pero hay que evolucionar, se ha quedado un poco obsoleto, en este momento encuentras dos movimientos: el conservador o los que siguen el método a rajatabla como en los años 60, 70 y 80 y la vanguardista que contempla otros conceptos pedagógicos incluso provenientes del propio sistema Kodály.
Para mí, los burocráticos, a mi juicio son demasiado frecuentes y los que peor llevo. Por desgracia hoy en día en España un director de coro amateur tiene que hacer más cosas que dirigir, porque si no, no funcionarían los coros, pero a veces no te puedes encargar de ellos. Eres como el capitán del barco y tienes que comprender los problemas de cada uno, te involucras mucho y eso lo hace difícil. No sé muy bien cual es la solución, porque el resto de “problemillas” los solventas con gusto.
Que perteneces a un grupo, que compartes diferentes vivencias, que es divertido y viajas que haces conciertos e intercambios y conoces a muchísima gente, y desde luego, que es una de las mejores maneras de entender la música, porque estás utilizando tu propio instrumento. Es algo mágico, formar parte de un grupo de voces que consiguen hacer música. No tiene comparación.
Depende, me gusta tocar todos los repertorios, eso es muy pedagógico y sano pero evidentemente hay que trabajar aquellos para los que el coro está preparado, por ejemplo si a un coro, por sus características, le va bien la música del Renacimiento, la trabajas, sin desdeñar nada, desde luego. Intento escuchar al coro, pero un buen coro lo puede cantar todo.
Me gustan muchos, en realidad todos o casi todos. Pero para ser concreto, te diría que adoro a Bartók y Britten, quizás por su especial tratamiento de la voz y me encantan los compositores del Renacimiento, del XVII y del XX.
Me gustan las iglesias, porque te facilitan las cosas para según que repertorios, pero obviamente hay que tener cuidado con las que tienen mucha reverberación. Hay algunas en Valencia que “suenan” muy bien: la Iglesia de San Nicolás, la Capilla de la Sapiencia... la sala de la Diputación por ejemplo, está muy bien, al Palau de la música de Valencia me gusta ir por lo que representa, y aunque no tiene las mejores salas de conciertos para un coro, siempre es un placer. Quizás me quede con una, en mi opinión, muy interesante: la iglesia de San Peters en Utrecht, he tenido la suerte de dirigir varios conciertos y me encuentro muy a gusto, y suena muy bien, toda la música del siglo XVI y XVII suena fantástica. Pero para lugar emblemático de todo lo que significa ser húngaro y cantar, sin duda alguna, el templo de San Matías en Budapest.
¿Qué tipo de público va a los conciertos de coro?Por supuesto la familia, y gente del mundo coral, músicos, amigos, gente interesada en la música coral.
Si, tengo algunas obras compuestas sobre todo para coros, aunque también para otras texturas.
Son muchas, las mejores ocurren durante los conciertos: coralistas que cantan otras cosas mientras el resto hace lo contrario, mantis religiosas que atacan a coralistas mientras ellos afanan por cantar Hindemith al aire libre, lapsus mentales y silencios dramáticos, salir a escena con un calcetín por pajarita...una vez se me olvidaron las partituras dentro del camerino y a día de hoy todavía no sé qué dirigí ni que cantamos, cantar tras cuatro días de calor sofocante, varias comilonas, un paseo en barca, escalar una montaña y unas olimpiadas intercorales y morirnos literalmente, estar abandonados en medio de Sicilia por nuestro coro anfitrión integrado por no más de cinco coralistas...en fin, de verdad que se podría escribir un anecdotario muy cómico.
La mayor parte del tiempo que tengo lo empleo en el mundo de la música, es mi vida y mi hobby, mi suerte y mi desgracia... ja ja. A parte, adoro viajar.
Muchas, pero por lo que significa para mí, sin lugar a dudas, Budapest, la relación con la gente, con la ciudad, mis amigos... y por todo lo que he vivido.
Platos de todo tipo, no le hago ascos a nada. Arroces en general, soy muy arrocero y aunque la comida húngara también me gusta, es un poco pesada. Contundente diría yo.
Muchísimos, y que no falten. El Cor de Cambra Amalthea tenemos que continuar con la representación de Don Giovanni del I.V.M, así como diferentes actividades que nos llevarán a abrir el III Festival Monteverdi en Esztergom y a trabajar junto a Simon Carrington con su coro de la Universidad de Yale y Éva Kóllar y su excelente Monteverdi Kórus . El Coro Universitario Santyago participa este año en el Millenium Pacem cantando Réquiem de Mozart y Stabat Mater de Rossini y tenemos una posible gira por Estonia. Con Villanella y Cantarella hay diferentes proyectos que engloban cantar en Reus y en Valencia.
Personalmente es un año que he de dedicar a la composición porque tengo un par de encargos que he de finalizar, una cantata para abrir el festival antes citado en Hungría y un par de cosas a nivel más local. Así que ya ves, dirigir y componer.
Me gusta hacer música, que me dejen libertad para hacer música. Nada más que eso para cumplir mis ilusiones.