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Hacía más de un año ya de mi último viaje a Castellón, del que entre otros muchos buenos recuerdos, destacan unos Carmina Burana que aún hoy en día no puedo olvidar. En esta ocasión volvía a esta bella ciudad con oídos de niño para asistir al concierto presentado por Fernando Argenta y posteriormente entrevistarle dentro de su apretada agenda. Hijo del que probablemente haya sido el mayor director que ha dado la música española, rostro cercano y voz familiar para todos nosotros y músico excepcional. La fama de Fernando se queda tras las puertas y en una amistosa charla con él, descubres no sólo a una persona simpática y afectuosa, también a un fabuloso músico en el que su pasión más grande consiste en difundir este arte. Uno de los pocos que consigue que los más pequeños se interesen por algo que “parecería” lejano a ellos, pero siempre desde el punto de vista de ellos mismos, es decir; siendo un niño más. Una persona capaz en unas pocas palabras de transmitirte su pasión, gracias a que la buena música corre por sus venas.
Fernando Argenta, hijo del director de orquesta, Ataúlfo Argenta, nació en Madrid en 1945. Es Licenciado en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid. Realizó además los estudios superiores de Música en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid.
Desde 1960 a 1965 formó parte del conjunto de rock, "Micky y Los Tonys".
En 1971 entró en Radio Nacional de España, donde creó "Clásicos Populares", programa que este año ha cumplido 29 años ininterrumpidos en antena. Desde 1986 hasta 1989 fue Director, primero de "Radio 3", y luego de "Radio 1", de Radio Nacional de España (consiguiendo ambas emisoras altas cotas de audiencia durante su dirección).
Entre los numerosos premios y distinciones que ha conseguido con su programa "Clásicos Populares" cabe destacar: 2 Premios "Ondas", el "Premio de Montecarlo", 2 Premios "APEI de Radio y Televisión", el "Comúsica", 3 "Premios de la Música de la SGAE", la Medalla de Honor de la "Quincena Musical de San Sebastián", el Premio "Fernando García de Castro" del Festival Internacional de Música de Úbeda, el Premio del "Club Internacional de Prensa", y el "Micrófono de Oro", el "Tambor de Oro" de la ciudad de San Sebastián, el "Emboque de Oro" de Cantabria, la "Medalla de Honor" de la Quincena Musical donostiarra, y el "Sobresaliente del año 2002" de Cantabria.
Está en posesión de la "Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes".
Por quinto año consecutivo forma parte como miembro del Jurado de los "Premios de las Artes", en los "Premios Príncipe de Asturias".
Yo creo que está bastante bien de salud porque en España es evidente que se han creado orquestas, muchas; que se están construyendo auditorios; que los conservatorios y escuelas de música están abarrotados; que hay bandas y orquestas de jóvenes formadas por todas partes. Ha subido el nivel muchísimo. Se venden muchísimos discos aunque no se dan las cifras. A un cantante de pop le interesa mucho que se sepa cuánto vende pero a una orquesta no le importa tanto. Se venden muchísimos discos a través de los quioscos, de los fascículos, los periódicos que regalan, las tiendas…
No podemos decir que esté en un punto malo. Siempre se puede mejorar, pues hombre sí, como todo. Pero está en un punto dulce, lo difícil será continuar y que no baje, que no vuelvan los tiempos de las vacas flacas.
Es un poco de todo. Cuando hay una crisis económica, lo primero que paga es la cultura. Parece que es algo superfluo, que es un lujo. Se piensa que para qué mantener una orquesta o un museo o una biblioteca si antes hacen falta carreteras y hospitales. Siempre hacen falta carreteras y hospitales, pero lo que no se debe jamás es descuidar la cultura. Los políticos no piensan en la cultura en términos económicos porque piensan a corto plazo. Pero si pensaran a largo plazo, no hay mejor inversión que la educación. Si un país es culto, no será económicamente débil ni esclavo de nada. Será libre y económicamente fuerte.
Sí es difícil sí, porque parece una tontería pero cuanto más avanzas, más difícil puesto que has hecho muchas cosas y no te debes repetir. Al principio tenías todo el campo libre, todo era para ti, todo era nuevo. Pero cuando vas cumpliendo etapas y los oyentes te van siguiendo y van evolucionando contigo tienes que avanzar y no puedes volver atras, aunque tampoco puedes dejar de cada cierto tiempo repetir algunas cosas. Siempre hay nuevos oyentes que se incorporan y no saben quien fue Schubert por ejemplo. El público se va renovando. Siempre hay que tener una mirada hacia atrás y otra hacia delante y compatibilizar las dos cosas de manera que no se convierta en una rutina.
Sí, sobre todo en los medios de comunicación tenemos mucha culpa. En la sensibilización de los niños hacia la cultura somos todos culpables, no se puede echar la culpa sólo a los colegios o al sistema de enseñanza o exclusivamente a la sociedad en general o a los medios de comunicación o al gobierno de turno. Todos somos culpables, empezando por los que somos padres. No nos podemos olvidar que los padres tenemos una responsabilidad tremenda. Todos sabemos que matemáticas les van a enseñar en el colegio, pero también que no les van a enseñar mucha música. Si en nuestra casa no escuchamos música clásica o no leemos, no podemos pedir a nuestros hijos que escuchen música y que lean. Tenemos que predicar con el ejemplo. Que para ellos sea algo natural llegar a casa y escuchar la música de Mozart o Beethoven y que lo vean como algo habitual. Incluso que reconozcan alguna obra que es lo que les gusta. Igual que pueden ver la misma película doscientas veces porque les es familiar. Y evidentemente los medios de comunicación tenemos mucha responsabilidad. El Conciertazo realmente es una isla.
(risas) No quiero tirar ninguna piedra contra mi propio tejado que realmente es mi casa, porque gracias a la televisión pública tenemos El Conciertazo, todo hay que decirlo. Pero efectivamente se echa de menos cierto apoyo de promoción. No tenemos ninguna cuña anunciando El Conciertazo en La Primera, ni se anuncia que viene a tocar Lang Lang al programa o que viene Roberto Alaña a cantar, o simplemente que vamos a hacer un monográfico sobre el medio ambiente. Lo digo yo en Clásicos Populares, pero nada más, eso sí lo echo de menos por parte de la casa. En otros sentidos realmente no me puedo quejar.
Claro. Creo sinceramente que al menos tendrían que hacer la prueba, ser valientes y hacer la prueba. Ponerlo por ejemplo a las siete de la tarde en hora de máxima audiencia infantil y todos los días, ya que tenemos programas suficientes como para emitirlo diariamente durante un año o más. En La Primera, por ejemplo. A lo mejor nos llevábamos una sorpresa y tenía audiencia. Actualmente estando en La 2 tiene mucha para esa hora un sábado, si hace buen tiempo lo normal es que lo vea menos gente, y aún así tenemos el doble de la audiencia de la media de la cadena. Y si ocurre que no tiene una audiencia enorme, planteárselo como una inversión. Si a lo mejor no llegara a un veinte por ciento de audiencia, con un quince o un trece ya sería un éxito y una inversión en futuro. Realmente El Conciertazo se afianza más cada vez, pero gracias al boca a boca, publicidad no tenemos ninguna. Todo el mérito viene del equipo que hace el programa y evidentemente de la ayuda que tenemos también en la casa para poder hacerlo.
¿Y con Clásicos Populares ocurre lo mismo? Con Clásicos Populares no ocurre porque llevamos 31 años y porque cuando empezamos fue en Radio 1, si hubiese sido en Radio 2 Clásica probablemente nos hubiéramos quedado más apagados. Pero en Radio 1 que nos escucha mucha gente de muy diversos ámbitos, fue una especie de bombazo. Por eso ha ido agarrando a medida que ha pasado el tiempo. Por eso somos hoy en día un auténtico clásico popular.
Sin duda uno de los mejores, y del mundo.
Yo he dirigido muy poco y además no sé si me debería de haber atrevido por la responsabilidad que eso significa. Ser director de orquesta es para mí lo máximo, o quizá compositor es incluso un escalón más. La magia de la creación. Aunque como he tenido el ejemplo de mi padre he hecho alguna cosita.
Sí, pero empecé muy tarde a estudiar música. Mi padre murió cuando yo tenía doce años y digamos que se quedó truncada esa línea.
Estudié derecho, incluso como diversión toqué en un grupo de rock y cuando terminé la carrera fue cuando me pregunté si lo que quería era meterme en un buffete, un banco, en un despacho... , y lo que me di cuenta es que quería vivir de la música pero ya era muy tarde para dedicarme activamente. Hay que empezar muy pronto. Me he permitido el lujo de dirigir orquesta, pero me doy cuenta que no tengo el nivel suficiente para ser director. Para mí eso es algo muy serio. Muchos de los directores de hoy en día no tienen la altura suficiente como para serlo, tal como yo lo concibo. Ser director de orquesta no es dar las notas, es dar lo que está detrás de las notas. Hacer música con mayúsculas.
Muchos dan las entradas, dan las salidas pero no te están diciendo nada en absoluto. Lograr que al público se le pongan los pelos de punta, eso lo logran muy pocos. Y esos son para mí los auténticos directores. Los otros son marcadores de compás, mejores o peores. Ser director es tener algo que comunica y que apasiona, que hace vibrar y que no deja ni un segundo de respiro. Cuando estoy en un concierto y estoy pensando en lo que voy a hacer mañana, o el trabajo que tengo; malo… , eso es que ya no me está diciendo nada el director.
Mucho. Hay muy buenos directores ahora mismo y no debemos caer en la tentación de decir que todo lo pasado fue mejor. A veces pienso que no me gusta nada el hip hop pero luego me doy cuenta que no me gusta nada porque ya tengo mis añitos. Pero en la dirección de orquesta algo de eso hay cierto porque antes no había escuelas de dirección como hay ahora. Tu podías aprender de un director de orquesta porque tocabas en una orquesta, porque te daba algunas clases, pero no ibas con 20 años a estudiar dirección. En general los directores eran antes instrumentistas y habían pasado a la dirección porque tenían madera de directores. Es decir, eran directores natos y habían nacido para dirigir. Eso les daba un impulso para ponerse encima del podio pero habiendo tenido un bagaje y un aprendizaje no de técnica, sino de música. Como se suele decir, habían sido reclutas antes que coronel. Por lo tanto se imponían a la orquesta porque eran superiores a la media, algo así como una selección natural. Hoy en día vemos a chavales de veinte años que tienen muy buena técnica porque la han aprendido en fabulosas escuelas, pero no han vivido lo que tiene que vivir todo artista para poder “decir y comunicar algo”. Las dificultades por las que se atraviesa, la pasión de hacer música que te lleva a superar muchas adversidades, se transmite. Hay algunos que no han vivido nada y que simplemente les ha impulsado una multinacional. Uno que apunte maneras, es escogido casi al azar. Otro gran problema es que hay discos y muchos aprenden a dirigir así. Se ponen el disco y hacen la versión de Abbado en lugar de hacer la suya. En la época de mi padre no había tantos discos y se aprendía con la partitura, nada más. Sentándose, con los codos y haciendo tu propia versión. Y por eso cada orquesta tenía un sonido propio y el director le había marcado una personalidad propia. Ahora hay una homogeneidad tremenda. Todas las orquestas tocan muy bien porque se ha avanzado mucho, pero todas suenan igual y los directores todos dirigen igual.
O estás perdido. Hoy en día tener la paciencia de hacer una carrera como instrumentista para después emprenderla como director, es pedir demasiado. Sí los hay: Baremboim, etc. Son grandes instrumentistas y luego se ponen a dirigir. Pero no siempre es porque ellos sean directores que nacen, sino porque el oropel del director da prestigio. Igual que cantantes que se pasan a la dirección, que quizá no todos debieran hacerlo. Aunque es algo lógico, la vida artística del cantante es muy corta, eso les alarga la carrera profesional porque la voz se termina.
No, no es fácil… Mi padre murió cuando tenía 44 años. Y cuando el sistema de grabaciones no estaba muy hecho. Aunque por ejemplo sí llegó a grabar en estéreo, pero ya eran las últimas grabaciones. Sí hay grabaciones pero eran de la radio y hechas de una transmisión. Están saliendo discos pero con una calidad no demasiado buena. Grabó muchísimas zarzuelas, casi sesenta. Pero música sinfónica con un sello, grabado ex profeso en estudio solamente hay seis con la Decca, no le dio tiempo a grabar más. Y ya son bastantes porque teniendo en cuenta que su carrera directorial son diez años, grabar seis discos en aquella época era mucho, casi sale a un disco por año. Luego hay quince o más sacados de las emisoras de radio que se han publicado pero con un sonido no del todo bueno, en directo y con una técnica ya antigua.
Mi padre tenía un contrato en el que tres meses después de morir tendría que haber grabado las cuatro sinfonías de Brahms con la Filarmónica de Viena, en estéreo. Fíjate qué ejemplo tendríamos ahora de cómo dirigía Brahms mi padre. E inmediatamente después la novena de Beethoven con la Filarmónica de Israel. La agenda de mi padre en los dos años siguientes era tremenda; una gira por América siendo el director mejor pagado después de Toscanini. En fin, que era como un cohete. Se quedó truncado.
El nombre de mi padre ha quedado asociado solamente a las zarzuelas, cuando las zarzuelas las hacía para divertirse porque le gustaban mucho, pero era sobre todo un director sinfónico. Iba a empezar a dirigir ópera en Viena y en Salzburgo, en Salzburgo concretamente ese mismo año. No había dirigido mucha ópera, también porque no había ópera en España.
Por otro lado, curiosamente era una persona muy popular. Fíjate qué carisma tendría mi padre, que en los años cincuenta cuando ser director de orquesta en España era como ser torero en Dinamarca, y que a lo mejor sólo había sobre él una pequeña reseña en el periódico, pues aún así le reconocían por la calle. Cogías un taxi y el taxista sabía quién era Ataulfo Argenta. Le habían dado premios como el del Diario Pueblo al Popular del año y es curioso que un director de orquesta se conociera como se podía conocer a un cantante de copla, o como a Antonio Machín. Yo en el fondo tengo una frustración como hijo tremenda, como admirador de mi padre, porque me da mucha rabia que no hubiera llegado donde debía por haber muerto tan pronto. Si mi padre hubiera vivido cinco años más, hubiera sido el Karajan español. Mi padre, junto con Karajan y Bernstein era uno de los más conocidos en Europa, no había pegado el salto a Norteamérica aunque ya tenía el contrato pero no quería ir por la puerta de atrás. Directores maravillosos como Celibidache, Giulini, Solti, Kubelik estaban en ese momento un poco a la sombra. Mi padre además de ser de los grandes, hubiera sido de los populares. Tenía un carisma especial. Salía al podio y sólo ver su presencia con un 1,86 cms. de la época, con una garra, con un magnetismo... Era muy atractivo para las señoras, yo es que no he heredado nada de mi padre, ni la inteligencia, ni el atractivo (risas)
Y el cólon irritable (risas), ni el dinero ni nada.
Mi padre era una persona muy natural, no se le caían los anillos. Por eso le quería la gente. Se sentaba a tomar un coñac con su puro y veía los partidos, que además era un futbolero tremendo. Él era del pueblo. Lo que más le gustaba era irse a Castro Urdiales donde tenía todos sus amigos de cuando era pequeño y tomarse un vino allí, freírse su propio pescado en Casa Encarna. Ir a pescar, ir a jugar al mus… Es lo que más le gustaba en el mundo.
Otra cosa que no sabe mucha gente es que usted fue miembro del mítico grupo Miky y los TonisNo tan mítico, bueno, mítico por una razón: fuimos de los pioneros. ¿Qué grupos en España son los conocidos de los 60? Los Pop Tops, Los Canarios, luego grupos mas o menos folk como Jarcha o en otro estilo Mocedades, grupos que ya estaban a mediados de los sesenta con el apoyo de la televisión. Pero nosotros fuimos de una época en la que el Rock and Roll no gustaba. Vendimos muy pocos discos porque lo que nos gustaba tocar, no gustaba a nadie. Era minoritario totalmente
Sí, totalmente, era subversivo. Por eso nos cerraron el Circo Price, en Madrid. En el Circo Price, había unas matinales donde se reunían todos los grupos a tocar. Nos reuníamos los Pekenikes, Los Estudiantes que fue el primer grupo que nació en Madrid de Rock, Los Relámpagos con un tal Mike Rios, que hoy conocemos como Miguel Rios, Los Flaps, nosotros y algunos otros grupos como Diamond Boys que venían de Gibraltar con Albert Hamond.
Pues lo cerraron al segundo año por gamberrada, porque salían los chavales y bailaban el twist en la calle, porque iban todos de corbata, con la estética y los peinados de la época. Aquello era subversivo y nos ponían pegas. Sí se puede decir que nosotros fuimos de los pioneros en Madrid. En Barcelona al mismo tiempo habían nacido los Gatos Negros, Los Sirex, Los Mustang, Los Catino…
Sí lo que pasa es que ya no tocamos. Pero hasta hace poco tiempo nos reuníamos, no para salir en televisión con nuestras calvas indecentes como dice Ana Belen. A mí, personalmente los dinosaurios tocando no me gustan. Pero sí nos reuníamos para nuestra propia satisfacción a tocar en algún club como Revolver en Madrid y sorprendíamos a muchos. Últimamente por diversos motivos no lo hemos repetido, pero sí lo sigo sintiendo. En muchos aspectos me he quedado anclado, pero por ejemplo ver a Bruce Springteen, al Boss, en escena es algo que me apasiona porque ves a un grande, dejándose la piel en el escenario y que como extras en su gira no pide más que una comida casera para su equipo. Eso es un ejemplo y me emociona. No como hoy en día que para muchos, es vender quinientos mil discos y pensar que se comen el mundo.
A los jóvenes no, a los padres. Yo les diría que escuchen ellos mismos música clásica, que cuando sus hijos lleguen a casa escuchen la música de Mozart, de Beethoven…, para que se acostumbren desde una edad temprana que eso no es una cosa rara.
También es lógico tener la etapa rebelde. Es como el Guadiana. La adolescencia es ir contra todo lo que tus padres te han dicho, esa música que has escuchado desaparecerá, pero si están los cimientos, volverá a surgir cuando tengas veintitantos. Si no la has tenido antes, ya es mucho más difícil
Pues seguir hasta donde me dejen (risas)
Sí, lo que pasa es que eso no siempre depende de uno. Igual que ahora el público te reconoce y te valora, también se olvida. Gracias a la televisión la gente me conoce y saben lo que hago y les gusta, si no, no vendrían. Pero en cuanto deje de estar en televisión y se olviden un poco, las cosas cambiarán. He estado 31 años en la radio y no tenía este “éxito”, por así decirlo. Si sales en televisión, te conoce todo el mundo. El que no está en televisión parece que no existe. Por eso soy consciente que si dejo de estar en televisión y quiero seguir en este ambiente haciendo lo que más me gusta, que es difundir la música clásica, tendré que ingeniármelas de otra manera porque el público se olvida muy rápidamente.
Yo prefiero siempre, la fama de la radio. Ser famoso como lo son algunos compañeros míos, no me apasiona. A nadie le amarga un dulce, pero a veces es mucha presión. Tampoco me gusta eso.
Aunque al final, la popularidad que yo pueda tener y que tampoco es tan avasallante resulta muy gratificante porque es la gente que conecta más contigo . Ver a un niño mirarte como si viera a Dios, y sonreírte, para mí es maravilloso porque significa que ese niño ha estado escuchando música clásica y que le gusta.
En el programa ha habido testimonios impactantes... Sí, hubo por ejemplo una llamada que decía que estaba vivo gracias a clásicos populares. El hombre tenía una grave enfermedad y había estado a punto de suicidarse y escuchando clásicos populares le entraron ganas de vivir. Esto merece la pena. Nos lo agradeció en directo diciéndonos eso. Yo no sabía qué contestarle.
Un buen pescado
Un buen vinito (risas). Hoy en España hay buenos vinos en todos sitios
Yo vivo en España y creo que no lo cambiaría por nada del mundo. Pero me gustaría que algunas cosas fueran mejor.
Es que si digo El quijote… (risas) Hay muchos libros, es como tener que escoger una obra musical… Hay muchos libros que me han marcado. Cada época de la vida tiene los suyos, desde los que se leían con muy pocos años, de Kipling, del oeste, incluso El Coyote, Guillermo Brown, de Julio Verne. Y luego ya la gran literatura, Quevedo, Calderón, Lope; hasta los libros que hay que leer casi por obligación, de Sartre, Simón de Bouvoir, Camus. He ido por etapas.
También me pones en un brete. Cualquiera de los grandes clásicos. Hoy en día apenas voy al cine porque no tengo tiempo y no te puedo decir tanto de los grandes directores aunque los conozca. Pero en la época dorada de los años cuarenta o cincuenta aunque tenía pocos años, iba al cine con pasión. También el cine español, con películas que hoy sigo viendo doscientas mil veces. Películas de Berlanga como Bienvenido Mr. Marshal o El Verdugo. Más tarde cine de Antonioni, de Fellini, cine de arte y ensayo, Saura. Decir una película es muy difícil.
La india, es uno de los viajes que más me apasionaron. Es como meterte en el túnel del tiempo, no se si dentro de poco dejará de ser así porque por suerte está subiendo a muy buen ritmo, económicamente y técnicamente. Yo fui hace años y me dejó muy marcado, no sólo por ver la pobreza que te marca, también por ver el estilo de vida que es como trasladarse a la edad media, viviendo al mismo tiempo otra filosofía de vida. Tienes que meterte en su pellejo para ver que evidentemente necesitan ayuda pero que ellos por otra tienen que mucho que enseñar.
Voy a ser muy poco original, pero que haya paz en el mundo y que aprendamos a comprender a los demás y los demás a comprendernos a nosotros. Hay una barrera muy fuerte entre algunos países y sobre todo entre algunos sistemas y algunas religiones. Que eso algún día se acabe y que todos comprendamos que vivimos en una pequeña aldea en la que tenemos que apoyarnos y conservarla para dejar a nuestros hijos un mundo mejor en todos los sentidos. En justicia social, económicamente pero además el medio ambiente; que todos nos estamos jugando en ello la vida.
Espero no haberos metido demasiado rollo. (risas). Gracias a vosotros.