Entrevistas
Entrevista James Ross

Nacido en Boston y se graduó por la Universidad de Harvard el 1981. Después de su graduación comenzó los estudios de dirección de orquesta bajo la tutela de Kut Masur en Leipzig, al mismo tiempo que trabajaba como trompa principal en la prestigiosa Leipzig Gewandhaus Orchestra. Fue el primer miembro americano en los 250 años de historia del conjunto orquestal alemán.
Sus principales profesores de dirección fueron Kurt Masur, Otto-Werner Mueller, Seiji Ozawa y Leonard Bernstein.
Durante las dos últimas décadas, ha sido director invitado en la Leipzig Gewandhaus, la Utah Symphony, la Orquesta Sinfónica de Galicia, la National repertory Orchestra, la Orquesta Sinfónica de Tenerife y la Neubrandenburger Philarmonie.
Fue director musical de la Yale Symphony Orchestra de 1990 a 1994 y ayudante de dirección de William Christie en el conocido conjunto de instrumentos de época Les Arts Florissants, con base en París.
Como profesor ha colaborado en las facultades de la Universidad de Yale, el Curtis Institute of Music, en los colegios de Haverford y bryn Mawr y como invitado en la facultad Toho school en Tokio. Actualmente es director de actividades orquestales y profesor asociado en la Universidad de Maryland en el College Park, además de su labor como director artístico en la National Orchestral Institute.
Introducción.
Pocas veces en la vida, una persona tiene la suerte de conocer a alguien que le abre los ojos a una nueva pasión. Hace algunos años me ocurrió esto mismo con el maestro de maestros James Ross. Para mí no sólo es uno de los muy grandes como director de orquesta, también es algo mucho más dificil; alguien que puede y sabe de verdad transmitir conocimientos. Su vitalidad, su incondicional amor por la música y su profundo conocimiento de la dirección, marcaron mi vida y me avocaron a una total pasión por este mundo orquestal. Por todo ello, para mi es un honor tener la ocasion de entrevistarle despues de estos años; pero también es una nueva oportunidad, tal como sabemos quienes le conocemos, de aprender una vez más. Igual que cada vez que hablamos con el maestro Ross.
Entre tus maestros figuran Kurt Masur, Seiji Ozawa, Leonard Bernstein, ¿qué persona dentro del mundo de la música te ha marcado más?
Es difícil elegir a uno porque la vida es larga y cada uno en determinados periodos me ha marcado mucho. Creo que la primera gran persona que me ha afectado ha sido Masur, quizá más que nadie. Le conocí en el año 81 al ver un programa suyo con la Gewandhaus Orchestra en gira por Estados Unidos. Por supuesto ya había oído hablar de él. Era un director muy reconocido en los años 80. El primer concierto que vi era totalmente distinto a todos los directores que había visto anteriormente. Su relación con la orquesta era diferente; era una colaboración en la que lo importante era dar y ofrecer entre orquesta y director de manera que era todo menos controlado por la figura del director mismo. Siempre me ha atraído mucho como filosofía. Se convirtió en mi profesor durante tres años gracias a que yo tenía bastante nivel como trompista para tocar como solista en la Gewandhaus. Hizo pruebas para cubrir la plaza y como nadie de la antigua Alemania del este pudo acceder, mi oferta de poder ir y tocar para él fue el golpe de efecto: si yo era lo bastante bueno como para tocar un solo de trompa con la Gewandhaus Orchesta, él me enseñaría sin tener que pagar nada. Realmente era una relación muy familiar, muy cercana desde el 81 hasta el 84. Sin este elemento hubiera sido realmente mucho más difícil irme y quedarme en la Alemania del este. Los dos nos necesitábamos en este momento y funcionó bien.
A Seiji le conocía desde hacía tiempo porque estuve tocando de sustituto en la Boston Simphony antes de mis años en el Gewandhaus y si bien su modelo de dirección no era el que más me convencía, realmente debo reconocer que era muy completo y con convencimiento. Llegué a apreciarlo mucho más después de mis años con Masur ya que me formó más en el sentido musical. Más tarde, Seiji me ayudó mucho en la idea de la auténtica técnica de dirección durante mis años en Tanglewood cuando hemos trabajado juntos. Él no se fiaba demasiado de formar al músico, él quería ayudar únicamente a lo que es el lenguaje para que el director pueda más fácilmente comunicar lo que está pensando o queriendo. Sin bloqueos entre lo que tu quieres como director y la orquesta necesita de ti.
Bernstein es algo así como un tornado en la vida de cada persona con la que ha tenido contacto. La conexión con Bernstein era diferentel. Con todo el mundo tenía una atención especial y en el momento que tú estabas hablando con él era como si durante ese instante fueras la persona más importante de su vida. Tenía una memoria fantástica para los detalles de la vida de la gente, para los datos precisos. Vivía una vida gigante y enormemente emocional. Esto era parte de su talento como director. Era un auténtico genio.
Yo era un formal chico de Boston y él era todo energía. Tremendamente abierto emocionalmente. Me asusté un poco pero algunos años después reconocí que de todas las personas con las que he tenido contacto, él ha sido mi modelo más cercano, más importante. Lo fantástico es que, y estoy seguro que no sólo yo, hay cientos sino miles de músicos en los Estados Unidos a los que él ha afectado y ha dado simplemente ánimo. A los que ha dicho: “Tú tienes algo especial, yo creo en ti”. Simplemente con eso ha subido nuestro nivel de confianza durante dos generaciones, tres generaciones de músicos en el país. Eso es un poder que está por encima del mundo mismo, casi metafísico.
¿Qué requisitos se deben reunir para llegar a ser director de orquesta?
Antes de todas las cuestiones de poder, autoridad o técnica. Hay algo en el estómago, en el alma de los grandes directores que les lleva a un deseo muy grande de comunicar algo por medio de la música. La música orquestal les habla, les dice algo y este algo les provoca la inquietud de comunicarlo a los demás. Creo que esta sensibilidad y lo de ser músico en el sentido más profundo, es el elemento de dirección fundamental. Hay gente que tiene eso y no tiene necesariamente mucho más de las otras características pero creo que es suficiente con tener el deseo de comunicar para hacerlo posible. Si es lo suficientemente fuerte, la gente se deja convencer y el público siente cuando algo está pasando y parece venir de una convicción muy fuerte y profunda.
Yo es lo que busco cuando soy profesor en la universidad de Maryland y lo que busco en los alumnos que se presentan para mi programa. Realmente es lo que más me interesa. Todo el resto se puede aprender por experiencia. Cada director al principio de su vida necesita rodaje, no hay nadie perfecto para ser un director y todos nosotros hemos tenido que trabajar muchos aspectos y distintas tareas en nuestro propio desarrollo bien con nuestras personalidades, convicciones o temas técnicos.
¿Y tú como profesor prefieres trabajar la técnica o la musicalidad?
He tenido tantos problemas desarrollando mi propia técnica que creo tener algo que puede ayudar a los demás aunque siempre depende del alumno y es algo flexible porque no tengo un método ya que si traen una musicalidad más fuerte, voy a ayudarles en encontrar la manera técnica para poder usar esa musicalidad, por el contrario si tiene una técnica que funciona muy bien pero tengo la sensación de que no sabe muy bien de lo que está hablando la obra entonces me centro en este aspecto. Depende del alumno.
Actualmente hay en España muchos alumnos tuyos cosechando importantes éxitos al frente de orquestas, ¿qué sensación te provoca esto?
España es fantástica. Realmente es un país único. En algún momento en mi propia vida es como si este país me hubiera llamado y aunque en ese momento no sabía porqué es sorprendente el haberme encontrado con gente que se dedica tan intensamente y por entero a la música con tanta fuerza. Estoy muy feliz de que la vida me haya invitado a venir y formar parte de este desarrollo musical del país. Creo realmente que el movimiento es algo más grande que cualquiera de nosotros. El talento musical en este país es fuerte y es importante para mí haber estado en ese momento aquí y ayudar. Por ejemplo en la misma Orquesta del Vallés con la que colaboro en estos conciertos, uno de los clarinetes es “fruto” de la Escuela de Práctica Orquestal que teníamos con la Sinfónica de Galicia donde estuve colaborando varios años. Era un trabajo muy intenso para potenciar todo el talento de los músicos y en un espacio de tiempo muy corto. Hoy en día se ven los resultados.
¿Pasa la música clásica por un buen momento?
Creo que el mundo de la música clásica está en renovación ahora y necesitamos entender que parte de la población parece sentirse menos conectada con esta música que nosotros amamos tremendamente y más conectada con la música popular. Debemos aprender algo de otras músicas, del éxito de big bands, o rock o jazz o cualquier música y buscar las maneras que son más apropiadas para la cultura y la sociedad de hoy, antes que solamente seguir repitiendo las normas de concierto y presentación que han existido durante siglos y no han cambiado.
Hay parte del publico que es muy entendido, muy critico y que en ocasiones sabe más que los que estamos encima del escenario (risas), pero muchos más vienen a ver una experiencia que esperan simplemente que sea placentera y muchas veces sienten que hay demasiadas leyes y es todo muy estricto. Tienen miedo de hacer algo en falso. En vez de solamente venir y reaccionar según sus sentimientos. El público de España tiene muy buena intuición y puedo sentir si les ha gustado de verdad o no. Me gusta esta sensación que existe aquí de que la gente se fía de su propia reacción.
Hay en general ciertos bloqueos que hay que evitar para que la gente se sienta invitada y que seamos abiertos a desarrollar nuevo público y que tal como nos presentamos no les parezca algo de la historia. La música clásica no es historia, es la pasión actual de muchos músicos. Beethoven murió hace mucho tiempo pero para mi vida no hay ninguna diferencia si hubiera muerto justo antes de mi nacimiento. Para mi vida, su música es hoy y creo que nosotros debemos reconocer que vivimos ahora. Debemos tratar de aproximarnos a nuevos públicos.
Conoces Europa, América, Asia. ¿Dónde te encuentras más cómodo?
Cada lugar tiene su propia fuerza. Estoy más cómodo donde me entiendo más naturalmente con la gente. Donde tengo menos barrera con el idioma. Mi sentimiento hacia Europa es muy fuerte. Posiblemente España donde más.
Curiosamente en Estados Unidos siendo mi propio país si no fuera por mi familia, es donde más me cuesta sentirme en casa. Es un país complicado respecto a la tolerancia entre gente que viene de distintas raíces. Es un buen país para tratar de actuar sobre esta cuestión y puede ser que tenga algo que ofrecer en esta batalla. Creo que en estos momentos mi propio país está un poco confuso, pero tengo la sensación de que no debo dejarlo en estos momentos.
También trabajo en Asia y me encuentro muy cómodo allí, tienen muchísimo talento y disciplina para desarrollar una buena técnica en cada instrumento así como en dirección que tienen una gran tradición de una técnica muy eficiente que viene principalmente de Saito, el maestro que fundó la Escuela Toho. El hecho de poder despertar reacciones en gente que por cultura y tradición están enseñados a no mostrar demasiada individualidad y a que hay que tomar parte en la sociedad como alguien muy flexible que no tiene ideas propias, resulta muy interesante. Probar a provocar la faceta opuesta de esa sociedad. Les cuesta horriblemente hacer un comentario, hablar abiertamente y críticamente sobre los demás y sobre la música misma.
Me gusta la variabilidad y me siento bien en cada país donde hago cosas que me atraen.
Es tu segunda colaboración con la Sinfonica del Vallés. ¿Cómo te encuentras con ellos?
El actual, es un proyecto muy grande. Nunca había tenido la experiencia de repetir quince o diecisiete veces un programa con una misma orquesta. Es curioso que durante del primer concierto hay ciertas metas. Después del quinto concierto cambian las metas. Después del séptimo vuelven a cambiar. La música queda igual pero cambian muchas cosas.
El año pasado tuvimos una colaboración muy buena haciendo Brahms, el concierto para violín con Ara Malikian y la segunda sinfonía. Por eso se fiaban bastante de mí como para invitarme a dirigir y quedarme un mes con ellos (risas). La primera cosa que dije a la orquesta en el ensayo fue: “Creo que un concierto así tiene dos metas. Esperamos repartir buenas sensaciones y placer a nuestro público en cada concierto. La segunda, en mi opinión, es poder acabar ni odiando a la música ni uno al otro". Si eso es posible, que lleguemos al final sin tener esa sensación de querer matar a cualquiera de los compañeros (risas), es un éxito para mi. En este sentido me he dedicado a ser bastante flexible en los conciertos. No tratar de decidir respecto a un tempo estricto o sobre cualquier dinámica en particular. He intentado hacer cada concierto vivo y un poquito distinto.
Estas haciendo una importantísima labor en Maryland pero, ¿no te gustaría volver a España y tener una orquesta como director titular?
A veces tengo la sensación de que no soy yo el que decide cosas así. Sí es mi vida pero he aprendido a leer las señales de mi propia vida para poder reconocer cuándo algo está llamándome. España me llamó en su momento y varios años después tuve la sensación que la que me llamaba era América. Siempre me viene una idea general y después empiezo una búsqueda de lo que necesito. Es como si algo en mi interior me marca lo que debo hacer y no hay otra posibilidad. No hay dudas.
En Maryland no entré en el proceso de elección del nuevo profesor desde el principio, entré meses después de que hubieran empezado pero antes de la elección final. Al principio no me iban a tener en cuenta pero cuando se han fijado en mi perfil como profesor, me seleccionaron como finalista en el proceso. Yo tenía la sensación desde el principio que iba a funcionar. La vida me guía.
Si en algún momento tengo la sensación de volver definitivamente y no durante periodos que eso lo hago bastante, la reconoceré. Y si es ir a otro sitio, también. Me gusta mucho estar en España, pero ahora mismo donde debo estar es donde mi vida me marca.
Tengo que decir además que realmente estoy orgulloso de estar en un sitio más de cinco años seguidos (risas). Hasta ahora era el máximo de tres años, cuatro años, cinco años como mucho, pero actualmente estoy en la mitad de mi sexto año con la universidad de Maryland.
¿Qué colaboraciones mantienes con España?
Ninguno de mis puentes se han roto totalmente y sigo teniendo relaciones con la Orquesta Sinfónica de Galicia, con la escuela, algunos años he trabajado con el Festival de Lucena y ahora con la Sinfónica del Vallés, siempre aparecen nuevas cosas. Tengo la sensación de que nunca se ha cortado mi relación con España.
En todos estos años, ¿qué orquesta te ha marcado más?
La relación con las orquestas depende mucho de donde estás tú con tu propio desarrollo personal.
Al principio de mi carrera tuve la gran honra de poder dirigir al Gewandhaus, donde también tocaba, pero eso fue como joven director. Mis recuerdos de esa semana son de sensaciones encontradas. A la vez me conmuevo muchísimo de recordar como mis colegas me apoyaron y me dieron su apoyo incondicional y que no mentían cuando decían cuánto les gustaba tocar para mí, aunque creo que era algo más personal que por la calidad de lo que estuviera haciendo como director en ese momento (risas). Son buenos amigos. Debo reconocer que el gesto con la orquesta es tremendamente importante y estuvimos haciendo el concierto para piano de Schuman pero debajo de mi dirección no pude encontrar la profundidad de sonido que para una orquesta como esa es algo natural. Esto es algo que he pensado toda mi vida, cómo algo tan clave no eres capaz de resolverlo en el momento que lo necesitas y tardas años en encontrar soluciones. La vida artística es así.
Quizá otra cosa no he descubierto en la dirección, pero eso te garantizo que sí (risas).
Como es lógico me apasiona trabajar con grandes orquestas pero también encuentro sensaciones únicas cuando tengo la honra de poder introducir una obra por primera vez, jóvenes orquestas que están tocando una gran obra por primera vez y tienen ganas de trabajar y ser influidos por la música. Algunos de mis mejores recuerdos son realmente con orquestas jóvenes.
Además de ser un reconocido director, eres un trompista de prestigio. ¿Cómo se lleva el trabajo como instrumentista desde detrás del atril?
Yo creo que el punto de vista normal debería estar en que son cosas mucho más cercanas de lo que nos pensamos. Los directores y los músicos de orquesta están demasiado distanciados y necesitamos cambiarlo. Un músico de orquesta que es capaz de entender bien las órdenes de un director tiene la suficiente sensibilidad para ser un líder efectivo al frente de músicos también. Hay casos en que una cierta confianza y cierto juicio sobre los demás, da empuje a un director al principio de su carrera. Creo que un director debe conocer a la perfección cómo relacionarse con los músicos para que cada uno dé lo mejor de si. Si no has tenido la experiencia de estar al otro lado recibiendo la dirección, es más difícil entender cómo reacciona una orquesta. Una orquesta es realmente una entidad muy subconsciente. Hay por supuesto opiniones individuales, pero también como grupo está reaccionando de una manera u otra. Tienes que aprender a tratar la psicología como músicos individuales, pero también como "animal orquesta".
...El dragon de cien cabezas como decía Ricardo Muti…
No es un dragón, es un animal que tiene mucho poder pero que necesita estar guiado. Es muy similar al “dressage”, la doma clásica con caballos, como si fueras montado probando a hacer ciertos pasos o ciertos saltos. Este acto de relación entre el jinete y el caballo es muy similar al director y orquesta. El caballo tiene mucho más poder que el jinete y la orquesta tiene mucho más poder que el director, pero ella necesita estar guiada o seguirá su propia guía. Estas cosas no son las primeras que tienes que aprender sobre dirección pero finalmente acaban siendo las más importantes, es decir, cuál es tu idea como director de qué es una orquesta y para las orquestas también cuál es su idea de ellos mismos. Como funcionan no solo individualmente sino como concepto.
También tienes mucha relevancia dentro del mundo de los coros, tanto de cámara como fundador de coros sinfónicos como el de la Orquesta Sinfónica de Galicia.
¿Te gusta la dirección coral?
Me ha ayudado mucho. Creo que el trabajo es similar a grandes rasgos pero también tiene particularidades. No tanto en aspectos musicales, pero sí como es la educación de la gente con la que trabajas. Normalmente en coros hay gente menos entrenada, menos educada musicalmente. No es lo habitual que un coro pueda trabajar una obra a primera vista, por eso se deja más fácilmente guiar por la información que viene del director y esto para el director es importante porque cada gesto cobra mucho sentido. Muchas orquestas suenan bien por su propia calidad pero en un coro hace falta tener un director que les ayuda aprendiendo una obra. Hay coros de cámara fantásticos pero son pocos los que pueden leer algo a primera vista y llevarlo a escenario a final de semana como hace una orquesta habitualmente.
¿Ópera o música sinfónica?
Debo reconocer que mi centro es más de música sinfónica. No es que no tenga un cierto toque teatral para la opera pero me siento un poco más “en casa” en el mundo sinfónico. Cuando hago opera es algo especial para mí.
Por ejemplo estoy muy ilusionado porque al final de esta temporada haremos en concierto el tercer acto de Sigfrido y nunca había tenido la oportunidad de dirigir un acto entero de una ópera de Wagner y normalmente con orquestas como la mía en la universidad, falta la calidad para poder hacer óperas tan densas. Este año sí lo podemos hacer y tenemos cantantes jóvenes excelentes. Cada uno va a usar esta experiencia para crecer. Hay proyectos que me atraen tremendamente en el mundo de la ópera.
¿Qué consejo darías a los jóvenes que quieren entrar en el mundo de la dirección?
Yo diría que ponerse en contacto con gran variedad de músicas, no solamente música clásica y probando reconocer qué es lo que aman más. El sentido debe marcarte que estás llamado para la dirección y no puedes hacer otra cosa que te ofrezca la misma conexión emocional, debe ser algo tan intenso que no se puede hacer otra cosa aparte de eso.
Comentanos los proyectos para este nuevo 2007
(risas) Uf! Estoy muy interesado porque el año que viene tengo la posibilidad durante medio año de no estar en la universidad y aprovecharé para hacer algo muy distinto y creo que dado que la música está conmigo todo el tiempo, hay dos cosas que quiero hacer.
Una es hacer un viaje para descubrir cómo se enseña dirección por el mundo, ir a algunos centros que no conozco pero que parecen tener muchísimo éxito formando directores. Uno de ellos es en Finlandia. También visitar un poco más Japón para observar esta escuela
Por otro lado, la segunda es puramente personal. Retirarme un poco y no tener nada que ver con música durante algunos meses para poder ponerme en contacto con mi vida y no estar siempre lleno de conciertos y notas. Seguro que lo echaré de menos y volveré enseguida pero al menos necesito ese descanso para retomar nuevas energías.
Una comida
Una comida… ¡El pato! Me gusta el pato, no se porqué. Pato con una salsa de mermelada
Una bebida
Bebo últimamente mucho zumo de mango. Aunque también de melocotón. Aquí bebo mucho melocotón y en Japón mucho mango.
Un recuerdo
Quizá una vez que estuve en Suiza, hice una ruta de senderismo subiendo por encima de tres mil metros durante el verano.
Había una gran roca bastante peligrosa y probamos a escalarla. A la mitad nos dimos cuenta que estaba en equilibrio y de repente tuve la sensación que todas las pequeñas piedras por debajo estaban flojas, es decir, que por debajo era la sensación de que no había nada. Actualmente es un buen recuerdo porque descubrí que era más fuerte de lo que creía y en el momento ese había algo de la vida que no quería perder. Tener la sensación de que cuando algo así pasa, no puedo decidir yo si voy a seguir viviendo. Después de eso tenía la sensación de vivir una experiencia muy fuerte. Trascendental.
Un viaje
Visitar las Hebridas en Escocia, y visitar la población más pequeña de Lewis o Skey, no recuerdo... creo que era Skey. Tenía ocho habitantes y cuatrocientas ovejas. No había carreteras conectándolo, solo se podía llegar después de una hora y media caminando. Me sentí muy honrado de visitarla.
Un pais
Suecia, he tenido buenas experiencias trabajando con algunas orquestas pero tambien el sentido de la gente es fantástico.
Un deseo
El programa del concierto que interpretamos hoy tiene danzas de todo el mundo y lo que queremos demostrar es que la vida se vive de manera distinta en cada país, en cada cultura. Si podemos aprender a ser tolerantes con eso, entender y celebrar las variaciones que hay entre humanos, es la mejor manera de ayudar algo más al entendimiento global y la paz.
Agradecimientos: Orquesta Sinfónica del Vallés en la persona de Jaume Lleixá.
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