Teléfono: 96 159 45 54
infoweb@riveramusica.com
Horario atención web:
Lunes a Jueves
10:00 - 13:00
16:00 - 18:00
Viernes
10:00 - 13:00

Ganador de un GRAMMY en 2005 por su CD AIRE LATINO en la categoría de mejor solista instrumental en música clásica.
El guitarrista clásico David Russell es mundialmente reconocido por su magnífica maestría musical y su inspirada habilidad artística, habiendo ganado los más altos elogios de crítica y público. Como reconocimiento a su gran talento y a su carrera internacional, en 1997 fue nombrado Miembro de la "Royal Academy of Music" de Londres.
En Mayo de 2003 fue nombrado "hijo adoptivo" de Es Migjorn, el pueblo de Menorca donde pasó su infancia. Recientemente, el pueblo dio su nombre a una calle, "Avinguda David Russell", como reconocimiento a su carrera musical.
En Octubre de 2003 le fue otorgada la "medalla de honor" del Conservatorio de las Islas Baleares.
Después de ganar el premio grammy, el pueblo de Nigrán en Galicia donde reside en la acualidad, le impuso la medalla de plata del pueblo en una emocionante ceremonia.
Mi padre es guitarrista amateur y en casa siempre había discos, especialmente de Andrés Segovia. Ya a los dos o tres años él me enseñó algunos acordes. Así que crecí tocando la guitarra.
Vivía en Menorca y con el tiempo hice solfeo con algunas profesoras de mi pueblo. Así seguí hasta que tenía doce o trece años que ya de verdad quería ser guitarrista.
No es que fuera muy bueno en aquel momento pero tenía las ganas de hacerlo y ya a los catorce años terminé el bachillerato y le dediqué todo el tiempo a la música. Hasta esta edad sólo había tocado con mi padre, hasta que poco a poco le fui superando y me fui a Escocia. Estuve unos meses allí y luego ingresé en la Royal Academy of Music de Londres donde ya hice la carrera de música.
Ahora mismo es mi mujer, pero en principio fueron mis padres. Ellos son artistas, son pintores y fueron a Baleares para pintar. Escocia es muy bonito pero tiene muy pocas horas de luz en invierno, es muy sombrío. Ellos como pintores necesitaban mucha luz. Primero fuimos a Barcelona de visita y ya en el 59 fuimos a Menorca, primero un año o dos pero al poco tiempo, ya residíamos allí desde el 60 o 61 hasta que en el 70 me fui a Londres a estudiar.
Yo realmente vivo en la costa que no es tan similar, la zona de Lugo si se parece un poco más a las montañas escocesas. Pero todo hay que decirlo, el clima aquí es una maravilla en comparación con aquello. Es muy agradable la vida aquí.
Yo diría que José Tomás, de Alicante. No es que estuviera mucho tiempo con él, pero los pocos años que fui a sus cursos me enseñó muchas cosas y aunque no he tenido demasiados profesores, de todos ellos es al que quiero siempre dar reconocimiento por el trabajo que hizo conmigo y con muchos alumnos. Le vi dar grandes clases.
Bueno, ahora habitualmente tres horas, a veces cuatro. Pocas veces paso de cinco horas tocando, porque no me gusta dañar las manos. Solo cuando estoy en un apuro y tengo que aprenderme las obras rápidamente estudio más. Pero en general para mantener lo que tengo entre dos y cuatro.
Más que nada es técnica de mantenimiento y mucho depende de si tengo que aprenderme obras nuevas porque estoy cambiando de repertorio o grabando un disco. En ese caso hago muchas más horas, no me queda más remedio. Pero si ya tengo el programa montado, los mismos conciertos ya sirven para mucho.
Con la edad hay que cuidarse más y hay que mantener bien los dedos, por eso le dedico un tiempo a la técnica básica digamos, a la mecánica. Y después suelo trabajar bastante la memoria para las obras, esto lleva una o dos horas. Lo que ocurre, es que para hacer dos horas, necesito tres. No es sentarme allí a las diez y a las doce me puedo levantar e irme, por desgracia no funciona así.
La técnica se trabaja con mecánica, la interpretación con vivencias y calidez humana a lo largo de años, pero la memoria… ¿cómo la trabaja?La memoria casi es lo más importante porque incluso la memoria física sirve para poder interpretar correctamente.
Tú repites una cosa muchas veces hasta que lo haces perfectamente bien, después digamos que el cuerpo se acuerda de qué tiene que hacer para que esto vuelva a salir. Es algo así como los deportistas, consiste en repetir el movimiento hasta que salga clavado y luego eso queda en el subconsciente. Por eso cuando tienes que interpretar algo y quieres cambiar las dinámicas, las velocidades; tu técnica simplemente está allí para hacerlo.
Lo que pasa es que si no le dedicas el tiempo, cuando quieres hacer algo puede fallarte por mucho que en principio lo sepas. Cuando te fallan los dedos, no se puede interpretar.
También está la memoria “normal”, simplemente acordarse de las notas que tienes que tocar, especialmente los guitarristas que la mayoría de las obras las tocamos de memoria.
Para mi es importante que todo lo que toco en público debo poder tocarlo en la mente, en la imaginación como si tuviera la guitarra. Cuando voy en avión, repaso las obras mentalmente y allí donde encuentro trozos nebulosos al llegar a casa o al destino los trabajo sobre el instrumento para que no haya dudas. Y es que salir al escenario requiere mucha confianza y cada uno debe buscar estas cosas que te aportan esa confianza para ser capaz de tocar sin miedo delante de gente. Una de las cosas que a todos los músicos nos espanta más, es simplemente olvidarnos de la obra. Por eso, todo lo que sea ayudar a no dudar y sentirte más confiado, vale la pena. Yo necesito repasar mucho en memoria para cuando estoy tocando, poder leer mentalmente, y oír mentalmente lo que va a venir. Esto me ayuda a tocar sin miedo.
Cuando te dispones a tocar, siempre reaccionas a la situación. Si hay mucha gente o si la sala es muy grande tocas de una manera y si la sala es muy íntima o tiene una acústica bonita, puedes tocar de otra. Pero las líneas básicas de qué es lo que quieres hacer con la música, hay que tenerlo decidido porque no sabes como te vas a sentir. Si tú llegaras al escenario y no tienes claro lo que vas a hacer o aquel día te sientes algo frío, darás un mal concierto. Tú no puedes tocar frío simplemente porque te sientes frío. Tienes que animarte y de alguna manera aunque no estés en el estado mental perfecto, porque perfecto realmente no se está nunca, tienes que poder hacer una buena interpretación. Si además viene la inspiración, bienvenida sea. Y por supuesto esto viene de estudio, vivencias, años de experiencia, etc… pero a cada obra, yo le busco como una personalidad, y esta personalidad la estudio, para que cuando yo salga, pueda estar convencido que así va a ser bonito, va a ser agradable para el público.
Es verdad que al no formar parte de la orquesta en general, es un hecho que del conservatorio en adelante, estamos un poco separados y esto al final lo aceptamos como algo habitual.
Realmente la guitarra está en un momento bueno, ves los programas de los guitarristas y son muy avanzados, tocan mucha música contemporánea al menos durante las décadas de los 70 y 80 aunque quizá ahora ha decaído un poco, pero tampoco lo hacen las orquestas ni los pianistas.
El mundo de la guitarra se ha esforzado en elevar su nivel, tanto técnico como musical para poder equipararse con todos los demás instrumentos. La gente de mi generación y las más jóvenes especialmente.
Si lo miramos desde el punto de vista optimista, nosotros tenemos un público que la ópera no tiene. En muchas ocasiones, gente que tal vez no sean amantes de la música clásica más purista sí irán a un concierto de guitarra clásica. Nosotros lo que podemos hacer es ofrecer lo mejor que tenemos e intentar superarnos siempre tratando de dar a conocer nuestro trabajo.
Por ejemplo, por norma general los conservatorios tienen aproximadamente tantos profesores de guitarra como de piano. Mucho más que de la mayoría de instrumentos y eso pasa fuera de España también, no solo aquí. Lo que ocurre, es que muchos guitarristas que comienzan en el conservatorio, se desvían de la línea clásica y se dedican a otro tipo de música. Es un mundo muy amplio.
Es posible que no tengamos tanta presencia en las orquestas. Cuando un guitarrista tiene la “suerte” de que le contrata una orquesta, está obligado a hacer muy buen concierto para que vuelvan a contratar a otro guitarrista. Nos tenemos que ayudar a hacer bien nuestro trabajo y si lo hacemos, el futuro no será tan negro.
Hay guitarristas que se mantienen muy clásicos, otros que sus programas son un poco más “light”. Yo prefiero seguir bastante clásico. No me gusta desvirtuar la parte clásica nuestra pero sí es verdad que todo va un poco en función del público que tienes y tienes que ser realista y diseñar un programa desde un punto profesional. Si yo tengo un determinado público necesito tocar Romance Anónimo. Y si tengo otro público, tocaré la Chacona de Bach. Son realidades de la vida que hacen que una cosa evolucione en una dirección u otra.
Aparte de los instrumentos de teclado, si unimos el clave, el órgano, el piano... aparte de los instrumentos de tecla, tenemos el repertorio más grande.
El violín también tiene un repertorio muy amplio, pero necesita un piano para la muchas de las obras.
Como solista, un guitarrista tiene mucho más repertorio de lo que puede aprender en toda una vida.
A mi me gusta todo, en lo clásico intento ser totalmente omnívoro pero también acercarme a los límites de lo que se puede llamar clásico. Música sudamericana o bastante folclórica en algunos casos. Pero siempre me gusta que sea algo desarrollado, no puro folclor.
Muchas veces tiene que ver con qué obras estoy grabando. El año pasado hice un disco de música del renacimiento y me metí a fondo en esta época que había dejado un poquito de lado y no había tocado mucho en los últimos tiempos. Me encantó pasarme medio año viendo toda esta música, trabajando sobre ella.
Durante el concierto en público el paso de una obra a otra tiene que tener su lógica, tiene que ser suficientemente fuerte el programa para no menospreciar al público y al mismo tiempo tiene que ser bastante entretenido para que no se aburran. Este equilibrio es lo que intento hacer cuando pongo una obra, el equilibrio entre “espectáculo” y arte. Cuando hago un disco no es que sean monotemáticos pero si con un mismo sentido, con una columna vertebral y esto para un concierto sería demasiado. Por ejemplo, para un concierto tocar obras sólo de dos compositores puede ser excesivo. Para un cd es mejor así, para que cuando pongas un disco haya una continuidad de sonido.
Y el repertorio, ¿va cambiando a lo largo del año según los lugares o utiliza el mismo para toda la temporada?Algunas veces tengo que cambiar porque me piden determinadas cosas, pero en general a mí lo que me gusta de verdad es tener un programa para un año y ahora mismo estoy decidiendo cuál va a ser el programa de febrero o marzo en adelante. El programa actual lo usaré hasta enero pero tengo el mes de diciembre que hago muy poco y me sirve para cambiar todo.
Siempre me gustó viajar, tener la libertad de estar en una gran cantidad de sitios.
Viajo con mi mujer y aunque hacemos nuestra vida en hoteles intentamos disfrutar. Alquilamos coches e intentamos que la vida, aunque sea fuera de casa, esté llena de otras cosas que no sea estudiar, tocar y ver la tele en el hotel.
Es bonito viajar tanto pero quizá lo que más echo de menos es estar en mi propia casa, dormir cuatro noches seguidas en el mismo sitio. A veces y generalmente en los viajes a Estados Unidos que tienen que ser de mes y medio o dos, te levantas y no sabes donde estás. Te levantas intentando ubicarte o recordar donde tocaste la noche anterior. Es una tontería pero es desagradable. Siempre estás pensando cuántos conciertos te quedan para llegar a casa. Cuando entras en esto, es como una espiral que cada día se hace más difícil.
Con veinte o veintidós años, me presentaba a diversos concursos. Es algo que ibas buscando y viendo si tenías posibilidades de premio o no. Era algo que tu buscabas ganar. Pero lo del Grammy es algo que te llega de golpe. Un día te llaman y te dicen que estás nominado y es toda una sorpresa. Es, hasta cierto punto como ganar la lotería aunque no te tocan los millones (risas), te dan un trofeo.
Realmente a lo que ayuda es a la autoestima. Llevo mucho tiempo intentando hacer las cosas bien y un premio como ese es símbolo de que estás en el buen camino. No le quiero dar más valor de lo que tiene, pero al mismo tiempo tampoco quitárselo. Tengo muchos compañeros que también merecen Grammys. Mucha gente se lo merece. Yo he tenido suerte.
Los premios siempre hacen mucha ilusión. Aquí en Nigrán me dieron una medalla y en mi pueblo me nombraron hijo adoptivo, son gestos de cariño y de respeto hacia lo que hago. Es fenomenal.
Que llegue todo esto por tocar unos acordes me parece fabuloso (risas), es totalmente impresionante.
Es algo que me encanta porque lo hago muy poco (risas), no tengo alumnos a mi cargo.
No hace mucho estuve en Alemania y las doy con una alegría total porque si tuviera que dar cuatro horas de clase aquí hoy y mañana y luego tener que ir allí, no me gustaría tanto.
No tengo alumnos en casa así cuando llego, mi tiempo es totalmente mío y cuando estoy fuera hago todo el trabajo necesario.
Cuando tienes alumnos que son tuyos tienes demasiada influencia en muy poca gente, de esta manera siento que tengo un poco de influencia en muchísima gente y en cierto modo tengo menos responsabilidad. Yo trato de ayudarles, pero ya no les voy a ver hasta que aparezcan en otro curso.
Tengo una guitarra que es la que utilizo para mis conciertos, la que más me gusta y la que me parece que funciona mejor. Pero aquí en casa estudio con muchas otras guitarras. Siempre es divertido coger otra guitarra y cuando trabajas para que suene bien el nuevo instrumento, te salen otras ideas musicales que nunca descubrirías en la guitarra que usas normalmente. Es lógico que muchos alumnos no tengan cuatro guitarras para ir saltando, por eso también es interesante hacer un intercambio.
¿Deben ser siempre instrumentos de calidad?Hombre, lo mejor es que sea buena, incluso si es mejor que tu guitarra puedes descubrir más cosas (risas).
La dirección requiere una habilidad no solo musical, sino la habilidad de manejar gente. Casi es tan importante como la de marcar el pulso y siempre los grandes directores tienen la habilidad de delegar y decirle a alguien: “tú haz esto para mí”. Yo no me considero bueno en este sentido. Soy mejor como solista, por eso de momento no me atrae dirigir. Aunque musicalmente es muy tentador el decir, ahora vamos a hacer una de las grandes obras, a mi manera. Quien sabe.
Respecto a la composición, desde luego a veces compongo cosas, pero no me considero buen compositor y además hay que dedicarle tanto tiempo… Yo prefiero tener más vida. Estudiar un poco por la mañana, luego hay papeleo todos los días, hago transcripciones o preparo el siguiente disco haciendo los cortes que lleva miles de horas. Por eso no me quedan ánimos para sentarme a escribir música.
Esto es lo que digo ahora. La mayoría de intérpretes en algún momento de su vida acaban escribiendo y a veces cuando se hacen viejos quieren dejar alguna huella. Por ejemplo, Segovia murió y la generación joven ya casi no se acuerda de él, exceptuando el “Estudio sin luz” que es una obra muy bonita y alguna cosa más. En cierto modo es una pena porque sabía escribir muy bien pero no lo hizo más a menudo porque hacía cincuenta conciertos al año. ¿De donde vas a sacar tiempo?, no hay.
Al final también hay que tener vida, hay que renunciar a ciertas cosas para tener otras.
Sí hay obras que me ha costado mucho tiempo hasta llegar a decir que estoy cómodo tocándolas. Lo normal es que si en un mes o dos no consigo encontrarme bien, lo habitual es dejarla. Ya no me siento obligado a estudiar las obras cueste lo que cueste.
Cuando tenía 22 años si que debía hacerlo y tenía que tocar la nocturnal de Britten y otras. Recuerdo que me aprendí unas obras que en aquel momento me dieron muchísima dificultad que son unas bagatelas de Wolton, las toqué en unos conciertos y luego dije, nunca más. Hace un par de años las volví a aprender y me encantaron, la dificultad técnica simplemente ya no existía. Siguen siendo difíciles, pero digamos que a los veinte años o veintidós, era imposible hacerlas sonar bien. Conseguí tocarlas en público, pero no me dio placer ni a mí ni seguramente a mi público. Mientras que ahora sí puedo sacarle el jugo que se merecen.
Una obra que simplemente te atascas porque no te gusta no merece la pena que te rompas la cabeza una y otra vez porque si no te gusta a ti, cómo vas a conseguir que le guste al público. Cómo vas a convencer a tu público de que esto es grande, de que vale la pena si tu no le encuentras lo necesario.
Hay muchísimas.
Me encanta volver a la chacona de Bach porque es una obra gigantesca. Me encanta el desafío de convencer a ciertos públicos que tal vez no la escucharían. Cuando se arropa bien la obra, es una maravilla.
Es muy interesante el desafío de tocar una obra que tu crees que no es fácil para el público pero estás convencido que puedes conseguir que les guste.
Ahora estoy tocando una cosa de Max Aub que ni es moderno ni es antiguo, se escribió en los años 60. Es el desafío de traer algo desconocido para el gran público y con un poco de complicación armónica. Creo que es interesante.
Sí claro. Siempre pensé que se iría con los años, pero no. ¡Que va!.
Cuando estoy bien preparado estoy menos nervioso, pero en general nunca se sabe. Hoy sales y estas muy bien preparado pero estas mas nervioso que ayer que lo estabas menos.
Por otro lado me gusta estar un poquito nervioso porque esa tensión me da más energía de la que tendría normalmente. A veces incluso pienso que si de verdad no estoy nervioso es porque no me importa y eso no está bien.
Ahora tengo bastantes proyectos para grabaciones. Hago las propuestas a mi compañía en EE.UU. y ellos escogen. Ahora estamos pensando qué será el año que viene quizá otro disco de la época barroca aunque tengo diversas posibilidades.
También debo preparar el programa de concierto para el año que viene. Lo tengo que tener pronto decidido para prepararlo durante tres o cuatro horas al día. Luego es una satisfacción muy grande cuando está terminado.
Una comidaUn bistec.
Estrella de Galicia (risas). Una cerveza de aquí. En algunos sitios sé que hay unos locales propios de la marca. Para mí es la mejor cerveza de España (risas)
Mis padres, aunque están vivos siempre evocan recuerdos.
El último fue a Londres.
Vivo en España, en Galicia.
!Los deseos no son públicos! (risas). Pero bueno, buena salud y felicidad, lo demás se puede arreglar.