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Inma Shara es una de las pocas directoras de orquesta existentes en el mundo y una de las más jóvenes. Esta alavesa de origen, discípula de Zubin Mehta y Ricardo Muti, es una de las grandes joyas de la dirección actual.
Entre las orquestas que ha dirigido cabe destacar:
- "Symphonic Orchestra National State TV & Radio Company of the Republic Belarus "
- "Orquesta Filarmónica de Transilvania"
- "Orquesta Lírica de Madrid"
- "Orquesta Sinfónica Nacional de Ucrania"
- "Orquesta Sinfónica de la Radio Televisión Española"
- "Orquesta Sinfónica Nacional de Letonia"
- "Orquesta Sinfónica de Murcia"
- "Sociedad Coral de Bilbao"
- Orquesta Filarmónica de Londres
- "City Chamber Orchestra"
Asimismo, de los múltiples teatros en los que ha dirigido destaca por encima de todos ellos el Teatro Real de Madrid, donde actuó en presencia de S.M. la Reina Doña Sofía en dos ocasiones y retransmitido en directo por TVE, Canal Internacional y RNE.
El amor por la música es como el amor por la vida, no es una cosa que uno decide racionalmente sino que es un hecho que acontece.
Comencé en la música a los cuatro años y desde el principio significó para mi tal pasión que a medida que iba adquiriendo conocimientos y buceando en la música me di cuenta que para mí era mucho más que una profesión. Era una forma de vida.
Todo lo que es arte no puede hacerse sin pasión y sin entrega, yo sentí esa llamada pero no de una manera racional sino como algo que se precipita de manera irracional.
Es cierto que hay un momento en el que uno con la cabeza sobre los hombros debe actuar de manera racional. Hay muchas especialidades en la música, piano, violín, la labor del compositor, etc. Yo entendí que para mí, ese caudal interpretativo lo quería canalizar a través de la orquesta porque sentí que a partir de la orquesta podía experimentar y tener todos los colores de sonido posibles. Al igual que un pintor pinta cogiendo un poco el rojo un poco el azul. Realmente para mí la mayor paleta posible desde el punto de vista acústico es la orquesta.
Estamos asistiendo a la creación de una gran infraestructura en cuanto a auditorios se refiere. Realmente comenzamos a ser la envidia de Europa y eso es muy importante. Pero también es cierto que eso hay que fomentarlo con una base sólida y un bagaje cultural. El Palau de Valencia, el Palau de les Arts, el Euskalduna, el Auditorio de Zaragoza, el Kursaal.
Castellón cuenta con un auditorio estupendo. Siempre pongo como ejemplo Guadalajara, una ciudad de 70.000 habitantes y que tiene un magnífico auditorio.
Pero todo eso tiene que estar respaldado por un interés realmente cultural. Por fortuna somos un país en el que realmente hay unos grandes artistas, y cada vez más a un nivel internacional. No creo que haya una diferencia abismal con el resto de Europa. Quizá hay menos número porque en los países europeos hay una gran tradición, eso es cierto, pero en una cuestión de calidad, realmente España está a un nivel y una calidad exquisita.
En cuanto a solistas, en cuanto a directores. Artistas en general.
Es cierto que ser titular de una orquesta te da cierta estabilidad profesional, porque bueno, el funcionamiento habitual del circuito de los directores de orquesta es como es. Habitualmente por medio de invitaciones. No se trata de una crítica, sino de constatar una realidad, un hecho objetivo. Pero sí quizá, los que no somos titulares en una orquesta, tenemos más dificultades para abrirnos.
Pero también es cierto que trabajar con tantas orquestas, tan diferentes, te dota de una gran experiencia, tanto humana como cultural y profesional, sin lugar a dudas. Es decir, yo puedo dirigir una misma sinfonía a una orquesta alemana y a una orquesta italiana y de ambas tienes mucho que aprender. Cada orquesta es diferente. Suena a tópico, pero aún se cumple, una orquesta alemana está mucho más dispuesta a trabajar hasta darte una interpretación exquisita de Brahms y para poder trabajar con Poncielli, Catalani, Puccini, etc, evidentemente el carácter latino es quizá más propenso y más dado a la flexibilidad. Aunque cada vez tiende a ser menos. Realmente como en las temporadas hay tanta variedad de música esto es ya un tópico. Por eso muchas veces las orquestas te enseñan mucho, vas aprendiendo pequeños detalles que te hacen reflexionar y te enseñan.
Actualmente me encuentro muy cómoda, aunque reconozco que ser titular de una orquesta es estupendo. Pero no es una cosa que decida exclusivamente uno mismo.
Poco, muy poco
ya casi no tengo tiempo. Además estudié viola como una herramienta. Estudié piano y viola como herramienta para mi profesión, porque la música tiene unos procedimientos y hay un discurso lógico detrás de toda sinfonía. El piano es el instrumento que te permite discernir toda la arquitectura y todo el tejido interno de una sinfonía. La puedes sintetizar y puedes llevar el esqueleto al piano, analizarlo y estudiarlo.
Por otro lado, cuando te posicionas delante de una orquesta y te formas una imagen mental de la obra que es lo que hago cuando estudio, la vas a canalizar a través de ese complejo aparato artístico que son los profesores y la base principal de este complejo aparato es la cuerda. Entonces para que tus ideas sonoras puedan ser reales y se pueda coincidir con la realidad acústica, tienes que conocer las posibilidades de cada instrumento, por eso estudié viola.
Debes dotarte de un mínimo, o no tan mínimo, conocimiento técnico de cada instrumento para poder luego trabajar cómodamente con ellos. Hay instrumentos que tienen ciertas posibilidades y otros no. Conocerlos y hablar con propiedad.
Realmente esto es triste, pero nadie es profeta en su tierra.
En la música se da mucho. Siempre pensamos que lo que viene de fuera es mucho mejor y a veces no se valora la ilusión con que trabajan los artistas españoles. Realmente por tener un nombre extranjero la calidad no tiene porqué ser mayor. Puede que antaño fuese así, pero hoy ya no se puede constatar como realidad. En España hay artistas de una gran técnica, de una gran pasión y muchas veces no salen a los escenarios porque no se les da cabida ya que en ocasiones el mercado está colapsado.
Hay que dar oportunidades a la gente del país. No siempre ser extranjero es un marchamo de calidad. Aunque también es cierto que no en todos los circuitos españoles se tolera eso.
Realmente en el mercado europeo muchas veces se valoran más los nombres españoles que aquí mismo.
Tenemos que concienciarnos que la música en España está al nivel de otros países en lo referente a calidad, que hay una importante cantera y se está desarrollando una fuerte infraestructura.
Realmente habría que decir que siempre hablamos de una selección de orquestas en Europa, no todo lo que existe fuera es bueno. Hay cosas muy buenas, pero también no tan buenas. España en estos momentos se está nivelando. Hay orquestas que son maravillosas y otras que están haciendo un importante trabajo y siempre superándose.
Y en Europa ocurre lo mismo. No todas las orquestas de los países del este o de centro Europa son buenísimas, no todas son la Filarmónica de Berlín, la Filarmonía de Londres o la Filarmónica de Viena. Eso es así en todos los países y lo mismo pasa en España.
En esta ocasión he trabajado con la Orquesta de Valencia y he de decir que es un gran referente, no solo porque la Comunitat Valenciana ha promocionado la cultura y la música en concreto; la cantera de músicos que hay, la afición por las bandas
De alguna manera se recoge lo que se siembra.
Ha sido una labor estupenda, no sólo el trabajo a nivel profesional, que son magníficos. Sino como colectivo humano que es algo que considero muy importante a la hora de crear arte. Una gran disposición, una gran familia y realmente son gente maravillosa y deseosa de trabajar y realizar una buena labor.
¿Es Europa un mercado difícil para orquestas y directores? Cuando trabajas con orquestas de un determinado perfil la exigencia es mayor. Incluso la autoexigencia es mayor.
Realmente nosotros estamos ya a un nivel importante en cuanto a cantera de músicos, pero hay un público que quizá por la tradición, en el que la música está más arraigada que aquí.
Todavía hay mucho miedo a la música clásica. Es un concepto que siempre intento erradicar y humildemente a través de mi persona siempre intento acercar la música clásica a todo el mundo porque la música clásica realmente es un lenguaje del corazón, un lenguaje de los sentimientos.
Primero hay que perder miedo al marco del teatro, porque mucha gente le tiene pánico, como acto social. La música no es un acto social, es un acto que lo único que pretende es llegar al corazón, aunar a la gente en momentos de emoción irrepetible con indiferencia del color político, social, religioso, etc
La música está por encima de todo eso y para mí esa es su grandiosidad. Por un lado el miedo al contexto, al entorno, al teatro o al auditorio. Y por otro lado el dañino concepto de elitismo.
Por poner un ejemplo; hay gente que te dice: yo no entiendo y siempre lo comparo con que: a mí me encanta la cocina India, pero no se prepararla, no se condimentar un plato porque no es mi profesión, pero sí se si es bueno, si me agrada o no. Puedo, en fin, disfrutarlo. La música es igual, no se le exige que sea un experto, se le pide que sienta, y el público siente si se le da buena música, si se le da música pasional, si cada compás es emocionalmente activo, si hay calidad, si hay entrega; entonces eso sí lo aprecia el público. Todo eso el público lo capta de manera innata. Por eso intento siempre erradicar esos conceptos, tanto el miedo al espacio como el miedo al acto en sí.
Al público no se le exige entender, no deben entender, deben sentir. Ese es el mensaje.
(Risas)Debo ser clara y transparente, no se llevan muy bien.
Reconozco una gran valía, una gran cantera de compositores, pero soy una apasionada del período romántico. Evidentemente todas las épocas y estilos me gustan, no podría descartar a Mozart o Beethoven. Pero me influye de especial manera esa estética romántica
Brahms, Mahler. Soy una apasionada.
Toda la música te dota de humildad. Estudias una sinfonía de Brahms, y cuando la retomas transcurridos un par de años, piensas: Vaya, como pude pensar esto y ahora pienso todo lo contrario. Redescubres cosas nuevas. Cambias de opinión sobre los tempi, prácticamente sobre todo. Ese cambio no es bueno ni malo, no se trata de rechazar lo que se hizo anteriormente, cada momento es fruto de un estado de ánimo y eso es lo importante.
Siempre se evoluciona. Es curioso que cuando se habla de directores jóvenes, hay un cierto rechazo. Evidentemente no hay la madurez de una persona que lleva 40 años en la dirección, pero también hay una frescura que quizá una persona de cierta edad ha perdido en gran medida.
La experiencia es importante, pero no hay que desdeñar la frescura. Los criterios pueden ser dispares, porque yo puedo tener una versión de la Tercera de Mahler que quizá no corresponde con la de otro director pero es que si todos los directores tuvieran exactamente la misma visión, bastaría con poner un metrónomo.
Ahí está la riqueza de la música, por eso hay ciertos directores que logran realmente emocionar. La experiencia me demuestra que no siempre se puede estar de acuerdo con una interpretación, lo tengo claro, pero considero importante tener una visión propia de la obra. Yo quiero que sea mía y de Beethoven y de alguna manera es lo que presento al público. Puede gustar o no pero si tu estás convencido, lo transmitirás con total transparencia, sinceridad y pasión.
Evidentemente como director de orquesta hay otros cometidos, que la orquesta no esté desajustada, que no haya cosas ilógicas. Uno no puede interpretar Mozart igual que interpreta Mahler, hay una serie de condiciones estilísticas determinantes. Pero tengo muy claro que me presento al público con mi propia interpretación. La música es el único arte que se desenvuelve exclusivamente en el tiempo. La obra existe en papel, pero su fin último es la presentación al público y esta se realiza en un concepto temporal. Nace, se desarrolla y muere durante su puesta en escena. Y como tal, ayer fue un concierto, mañana es otro nuevo público, otra nueva orquesta y otro nuevo dar vida a ese compositor. Por ello, cada vez que te subes al podio, debes procurar que el público sienta esa vida.
Un estudio en soledad, en un cuartito durante diez o doce horas diarias, todo lo que puedes y más. La música se llega a convertir en una obsesión, no se si es bueno o malo, pero es apasionante.
Te adentras en las sinfonías con un primer análisis de lenguaje. Luego llega el análisis temático, el estudio y luego la interiorización. Éste último un paso vital, porque al ponerse frente a la orquesta uno debe conocer la obra hasta lo más mínimo y jamás dudar, debe estar todo asimilado. Debo saber lo que quiero y tener el sonido global en mi cabeza.
Eso necesita mucho tiempo. Se puede hacer un análisis, se puede estudiar, pero luego el proceso de interiorización es lento y paulatino. Debes llegar a la orquesta sin absolutamente miedo de ningún tipo.
Cada obra en cada compás es diferente. Siempre hay un montón de cosas que no están escritas, para la interpretación.
Y por supuesto no se puede tener una técnica imprecisa, porque eso supone desajustes en la orquesta, supone: no le entiendo, supone inseguridad por parte de la orquesta y supone disertaciones absurdas. Debe ser un lenguaje perfectamente inteligible para no perder tiempo en ese sentido. Hay que invertir el tiempo en la interpretación propiamente dicha. Por eso no abarco muchas obras al año. Quiero tener una absoluta preparación no solamente desde un punto de vista de una inteligencia musical sino de una inteligencia emocional con cada obra.
Cuando me pongo frente a la orquesta, mi partitura es una referencia óptica. Yo misma me niego a ver lo que escribí en casa. Eso lo apunté porque lo sentí porque lo reflexioné y ya forma parte de mí.
Y luego el momento del concierto, el miedo escénico. Como he dicho antes, el concierto nace, se desarrolla y muere en ese momento y al día siguiente hay que volver a dar vida. Por muchos conciertos que se hayan dirigido, supone un miedo escénico. La responsabilidad que se tiene ante el público y dar lo mejor de uno mismo. ¡En ocasiones tengo pavor a quedarme en blanco! Pero eso es humano. Aunque a veces en el podio parecemos lejanos, realmente somos humanos.
Los cinco primero minutos hasta que te vas haciendo con el público, hasta que ves como está la orquesta ese día, son de auténtico miedo. Pero a medida que te vas metiendo en la partitura, te vas transformando poco a poco. El concierto a medida que va evolucionando te va transmitiendo confianza. Como te comento, somos humanos, aunque a veces no quisiéramos serlo.
Hemos visto en el concierto de Valencia un interés especial por el público más joven, por promover la música desde los inicios. ¿Cómo se fomenta el interés por la música clásica? Debe ser un compromiso de todos el tener en cuenta la música como una formación en el niño. Como una asignatura primordial en los colegios.
No solamente te enriquece como ser humano. Un niño que toca en una orquesta, hace que no solo oiga, también que escuche porque tiene que entrar en el mismo plano de equilibrio sonoro que el conjunto. Eso, de manera inconsciente, lo lleva a su vida en la relación con las personas. La música da una gran serenidad. Aporta unos valores importantes, cuando un niño se sube a un escenario para tocar en público, ha tenido que trabajar duramente y luchar por superarse a si mismo. El premio llega al final de todo ese proceso como una recompensa muy valiosa. No es como los valores que se acostumbran en la sociedad actual del placer inmediato y del querer las cosas sin esfuerzo y al instante.
Ayuda a desarrollar la memoria, la agilidad mental y a entender que la vida debe ser una armonía. No la cacofonía, la disonancia o el desorden.
Abogo por tener una concepción práctica de la música.
Además como decíamos antes, si queremos tener un futuro musical, orquestas importantes y nombres españoles que triunfen en el mercado mundial, debemos hacer un esfuerzo. Hay que hacer una labor pedagógica importante para que esos niños puedan ser profesionales y la música sea de interés general y no solamente un colectivo pequeño de seguidores de música clásica. El futuro será llenar con público las magníficas infraestructuras que ya tenemos y las orquestas con profesores de aquí.
Creo que en el campo de la dirección de orquesta no hay ninguna infraestructura definida que aglutine a los jóvenes directores de orquesta y de alguna manera los canalice hacia esa realidad profesional.
Abrirse camino en la dirección de orquesta es realmente difícil. No hay una asociación, no hay una fundación. No hay unos cursos organizados y concienciados hacia lo que es en realidad la dirección de orquesta.
Por eso recorrer ese camino, y lo digo por propia experiencia, es realmente difícil. No hay una conciencia en cuanto al aprendizaje real de la dirección de orquesta. Es como si realmente no existiese la dirección. En los conservatorios si que te dan una formación buena, pero tampoco es una formación completa.
No se puede negar la evidencia, sí que hay algunas orquestas que desarrollan una importante labor social, pero desgraciadamente aún son pocas. Y no sólo con los directores de orquesta, también los jóvenes compositores. Cuántos jóvenes compositores escriben obras realmente maravillosas y se tienen que quedar en el cajón.
Creo que las orquestas deben tener esa faceta real de compromiso social, y ese compromiso pasa por los jóvenes directores, los jóvenes compositores, los jóvenes intérpretes. Debe haber un compromiso de continuidad, con esta gente. Y que la persona válida, tenga las herramientas necesarias para abrirse camino.
Realmente, con las pocas herramientas que contamos hoy, lo más importante pasa a ser el concepto de Intensidad Aristotélica. Cuando se quiere hacer algo de corazón, se logran los objetivos. Es decir, el camino es duro. Es cierto que el camino es duro, pero si alguien tiene este ideal, si alguien quiere luchar por ser director de orquesta, el resultado será realmente fantástico. La música te devuelve todo ese esfuerzo con creces. Quizá no son datos concretos, son muy generales, pero es lo que me ha servido a mí. Ese ha sido mi impulso.
Realmente las herramientas a las que un director de orquesta se puede agarrar, son escasísimas. Compromiso emocional con la música, compromiso de sinceridad. Todos los conceptos que se suelen vincular a la dirección de poder, liderazgo, protagonismo, prepotencia; quedan colapsados cuando hay un amor sincero por la música.
Sin lugar a dudas, los conciertos homenaje a las víctimas del terrorismo, el último con la Filarmonía de Londres, porque son conciertos que unen la música con el sentimiento humano. En ese concierto no solo me sentí directora de orquesta, me sentí ser humano.
En el plano profesional, guardo con grato recuerdo haber dirigido en Tel Aviv, la Filarmónica de Israel que era otro de mis sueños. El segundo como profesional y el primero como compromiso personal. Porque realmente el ser humano y el director de orquesta se tiene que dotar y enriquecer de cada momento. La música puede tener un papel social. Puede ser un concierto benéfico, un concierto homenaje. La música es el lenguaje universal por excelencia y el lenguaje de los sentimientos por eso se posiciona siempre, de una manera positiva para ayudar al ser humano en su camino por la vida.
Sí, es una nueva ilusión. Ya había trabajado con la Filarmónica de Israel y ahora lo haré con la Sinfónica de la misma ciudad. Conocer una nueva orquesta, también entre las orquestas de élite, me apetece mucho. Realmente por historia, en Israel hay una tradición musical y una cantera espectacular.
Tengo bastantes proyectos de cara a la nueva temporada. Dirijo en palma de Mallorca, en Hamburgo, con la sinfónica de Israel, con la Orquesta del Teatro de la Opera de Vicenza. Vuelvo a trabajar con la Orquesta Nacional de Praga, de los que guardo un gran recuerdo. Con la Orquesta Nacional de Ucrania. Éstos son los proyectos más cercanos.
Quisiera felicitar a toda la Comunidad Valenciana por la magnífica orquesta que tiene. Formada por unos profesores de altísimo nivel en lo profesional y de un trato humano excepcional. No puedo menos que agradecer a la gerencia del Palau, la posibilidad de poder trabajar con esta orquesta. Realmente ha sido un placer.
A vosotros.